Ago 11
entrevista a óscar hahn
Llego al hotel a la hora pactada. El dÃa anterior me habÃan presentado a él como “el periodista que lo entrevistará mañanaâ€. Él, inmutable. Y ahora Hahn me recibe con una cordialidad frÃa, distante. Mientras nos dirigimos al lobby pienso en que es preciso romper el hielo como sea. “En el lobby hay mucha genteâ€, me dice. Caminamos sin rumbo, en silencio. Entonces Hahn me pregunta si me parece bien ir a la cafeterÃa. “SÃ, estarÃa bien… aunque hubiese preferido el Café Berliozâ€, respondo, aludiendo a un poema suyo. El poeta rÃe. Buena señal.En lo que sigue hablamos con Óscar Hahn de todo un poco: su obra, la crÃtica, la guerra, el rock, las elecciones norteamericanas, Bolaño.
SU OBRA
Buena parte de la poesÃa chilena se caracteriza por su exuberancia verbal. En ese escenario, su poesÃa se sitúa proponiendo lo contario: las virtudes de lo conciso, del equilibrio, incluso las posibilidades del silencio…
Asà es. Mira: yo últimamente estuve leyendo las poesÃas completas de Walt Whitman, HabÃa leÃdo antes poemas sueltos como el “Canto a mà mismoâ€, pero las poesÃas completas no las habÃa leÃdo y me di el trabajo de leerlas. Y ahà me quedó una cosa clara: que toda la poesÃa chilena o hispanoamericana que utiliza ese lenguaje ampuloso y exuberante proviene de Whitman. Me encontré con poemas de Whitman que eran muy parecidos a poemas de Neruda, hasta frases muy semejantes… Asà que yo dirÃa que esa es la fuente: la poesÃa whitmaniana. Y Whitman es un gran poeta, sin duda. Pero no es el tipo de poesÃa que tenga que ver con mi carácter ni con mi manera de ser ni con mi forma de concebir la poesÃa. Puede sonar un poco raro, pero yo estoy convencido de que la poesÃa tiene mucho que ver con el carácter de la persona. Porque yo soy una persona más bien retraÃda, parco en palabras, estoy poco tiempo al aire libre, paso mucho tiempo encerrado en casa. No soy nada sociable. Entonces mi poesÃa tiene que ver con eso: una poesÃa que utiliza la menor cantidad de palabras para expresar lo que quiere decir. Y que lo dice también en un tono introspectivo. Y aunque sea el caso de hablar sobre Hiroshima, –tema que desde luego no es introspectivo–, de alguna manera ese hecho externo, histórico, está como interiorizado en mi poesÃa: el hecho objetivo se transforma en una serie de visiones personales, inconscientes, que hay dentro de mi cabeza.
En un ensayo suyo sobre Carlos Germán Belli, dice del hablante de sus poemas que el refugiarse en un sistema poético codificado desde hace siglos le ofrece la seguridad de pertenecer a un orden inmutable, a una edad dorada de la humanidad. Su caso es distinto: su hablante va y viene de las formas tradicionales al verso libre como si el tiempo no existiera, o como si todo fuera presente…
Claro. El uso de la métrica tradicional en mi caso, como sabes, no es único. Tengo una gran cantidad de poemas en verso libre. Y eso tiene que ver con que yo no considero ninguna forma particular como única. Es decir, ni privilegio completamente el verso libre ni el verso tradicional sino que utilizo los dos. Tengo una idea pluralista acerca de la poesÃa: pienso que las distintas formas –antiguas, modernas y las del siglo XXI– tienen que integrarse. Por ejemplo, en mi último libro, Pena de vida, hay dos poemas que podrÃan ser el ejemplo perfecto: hay un soneto sobre el Marqués de Sade y hay un rap. Y los dos conviven perfectamente en el libro.
Usted ha dicho que nunca ha planeado escribir poesÃa racionalmente, que sus poemas son como “apariciones†que surgen espontáneamente. Pero por otro lado, sus poemarios, sobre todo los primeros, son muy unitarios temáticamente. ¿Cómo podrÃa explicar esta aparente paradoja?
Mi primer libro, Esta rosa negra, fue escrito a los diecisiete, diecinueve años, con temática total de la muerte. Pero yo en ningún momento decidà hacer eso. La muerte no era una preocupación mÃa en ese momento como joven. Para nada. Y cuando empezaron a surgir esos poemas salieron solos, tal cual. Surgieron espontáneamente, sin que signifique escritura automática, surrealista ni nada de eso. Son, como les digo, apariciones, y a partir de ahà yo trabajo el poema: altero algunas cosas y decido el tÃtulo. Pero básicamente el poema ya está.
LA CRÃTICA
A partir de unos poemas suyos en Versos robados que aludÃan al inconsciente, cierta crÃtica lo vinculó con el surrealismo. Una etiqueta apresurada y, en realidad, bastante desacertada…
Claro, y es que la crÃtica tiene estos lugares comunes permanentes, está como precondicionada. Para la crÃtica, inconsciente significa surrealismo y surrealismo significa inconsciente. De manera que cuando yo escribo un poema que se llama, por ejemplo, “En la playa nudista del inconsciente†lo primero que se les ocurre es: “inconsciente igual surrealismoâ€, en vez de pensar “bueno, ¿en realidad es un poema surrealista? ¿O soy yo quien está haciendo la asociación?†Porque resulta que ese poema no es surrealista. Y eso pasa frecuentemente. Yo siempre le reclamo a la crÃtica que suele partir de los mismos esquemas en vez de ir al poema, leerlo y recién entonces determinar qué tipo de poema es. No ir con el prejuicio de que si leen un poema mÃo que se llama “Los heraldos negrosâ€, tiene que ver con Vallejo, aunque el poema no guarde ninguna relación con Vallejo salvo en el tÃtulo. Porque entonces si yo le cambio el tÃtulo y le pongo el de un poema de Belli, dirán “ah! Belliâ€, y si le pongo un tÃtulo de Cisneros, “ah! Cisnerosâ€. Es el poema mismo el que tiene que decir qué poema es y no los estereotipos que tiene la crÃtica en la cabeza.
Una crÃtica preconcebida…
Claro, Una crÃtica preconcebida totalmente.
EL CINE, EL ROCK
Su poesÃa es muy visual. En muchos poemas usted parece un montajista de cine, usa mucho ese y otros procedimientos propios del cine…
SÃ, han dicho que en mis poemas hay como mucha influencia del cine, que si alguien quisiera filmarlos lo único que tendrÃa que hacer es seguir las imágenes en el orden en el que están en el poema. Como si fuera un guion hecho ya.
Su poema sobre Kurt Cobain me llamó mucho la atención. Es raro: podÃa imaginarme a Elvis o a Duke Ellington en sus poemas, pero no me imaginaba a Cobain como referente suyo…
Me preguntaron hace un rato por el asunto del rock and roll, y les expliqué que yo soy de una generación en la que hubo un momento en que no existÃa el rock and roll. De igual manera que le digo a mis hijos, que son más o menos de tu edad, que hubo una época en que no existÃa la televisión. Es una cosa increÃble. La televisión era como de otro mundo, era como ciencia ficción. Con el rock pasó lo mismo. Hasta que de repente, en la década del cincuenta, yo escucho una canción de Elvis Presley, que traducida al español se llama “Hotel de las nostalgiasâ€, y en ese momento me di cuenta de que era algo completamente distinto a la música que se tocaba en esa época, que eran boleros y cosas asÃ. Era como una revolución. Y a partir de ahà yo me hice muy admirador de los cantantes de rock, asistà a muchos conciertos allá. Viviendo treinta y cuatro años en Estados Unidos, imagÃnate: he visto a todo el mundo en persona, a los Rolling Stones, Beatles, Nirvana, entre otros, por lo que forman parte de mi cultura personal sobre música popular. Entonces no es raro que aparezca un poema a Kurt Cobain, ya que forma parte de mi repertorio.
LA MUERTE, LA POLÃTICA, LA GUERRA
Con respecto a Arte de morir, en sus últimos libros la muerte ha pasado de ser un tema netamente literario a ser un tema más personal y hasta más explÃcito en sus vÃnculos con lo filosófico e incluso con lo polÃtico…
Claro, en la época de Arte de morir, con dieciocho o diecinueve años, yo no tenÃa ninguna conciencia sobre la muerte. La única idea provenÃa de la literatura. Aunque tienes seres queridos que mueren uno lo ve desde afuera. Ahora que tengo setenta años es muy distinto, porque uno tiene la sensación de que la muerte es algo que puede aparecer en cualquier momento. Entonces hay algo como una “previvencia†de la muerte, que ya no viene de la literatura sino de adentro, del proceso que uno vive como persona ya mayor.
Usted es ciudadano norteamericano. ¿Cómo ve las elecciones en Estados Unidos? Intuyo que puede estar de lado de Obama debido a su discurso antibélico…
SÃ. Yo decidà apoyar a Obama desde el principio, cuando anunció su candidatura y nadie daba un centavo por él. Estaba bajÃsimo en las encuestas, y se suponÃa que Hillary Clinton iba a ganar tranquilamente. Pero a mà me pareció que el mensaje de él era muy novedoso, distinto. Además de que estuvo siempre en contra de la guerra de Irak desde el principio. Eso era fundamental. Asà que decidà que era mi candidato. Y resulta que la primera sorpresa que se da es en Iowa, que es donde yo vivo y que tiene una población negra del cuatro por ciento. O sea: noventa y seis por ciento de población blanca, y gana Obama. Yo dije: “sà se puedeâ€. Luego ya comenzó a ganar en otros lugares e hizo lo que nadie creÃa que fuera posible: derrotar a Hillary Clinton, con toda la maquinaria con que cuenta el Partido Demócrata. Y ahora hay toda una campaña sucia que intenta desprestigiarlo… Veremos qué pasa.
Y ahora que menciona la guerra, pienso en su libro Imágenes nucleares, han pasado veinticinco años pero cobra actualidad, casi como si lo hubiera escrito ahora…
Yo tuve esa conciencia de la barbaridad, del salvajismo que significa la guerra. Es que siempre, desde muy joven, me he preguntado: ¿cómo es posible que personas civilizadas –supuestamente civilizadas– validen algo que se llama la guerra, que consiste en matar a otras personas? Es algo que no me cabe en la cabeza. Y lo peor es que ahora la gente lo toma como algo normal.
Claro. Está interiorizado en las personas…
Está completamente interiorizado. Mira: mientras no se terminen las guerras, el hombre no habrá salido de la barbarie. Eso está claro. Todo lo demás, la tecnologÃa, etcétera, es puro barniz. Esa es la gran prueba: llegar a que la guerra sea considerada una aberración, asà como la pedofilia o el incesto…
Pero, por el contrario, se vende la idea de la guerra como una necesidad…
Exacto. Pero la guerra podrÃa borrarse de la faz de la tierra sin muchos problemas.
CHILE
Siempre me ha llamado la atención el hecho de que aquà en Perú cada cierto tiempo se publique algún libro suyo. Eso no sucede para nada con otros poetas extranjeros. Usted parece un poeta peruano…
SÃ. Yo siento que mi poesÃa es mucho mejor apreciada fuera de Chile que en Chile. O sea, tengo mejores lectores peruanos, mexicanos, españoles, incluso norteamericanos, que chilenos. Los chilenos pareciera que tuvieran una especie de anteojeras hacia mi poesÃa.
Seguro. Una vez usted dijo que en Chile conocÃan únicamente Arte de morir y Mal de amor, sus dos primeros poemarios, y que al parecer lo demás no existÃa para ellos. ¿Considera que hay cierta mezquindad en la crÃtica de su paÃs o cree que su obra no ha sido comprendida cabalmente?
Yo dirÃa que las dos cosas: hay mezquindad por una parte, y por otra, la crÃtica chilena es incapaz de leer nada sin que tengan encima a Neruda o a Nicanor Parra. Si tú los sacas de ahà no saben qué hacer con los poemas. En cambio, un español o un peruano que lee un poema mÃo, no va a estar pensando en Neruda. Lee el poema y punto. La crÃtica chilena no sale del prejuicio. Entonces allá es como “si no es como Neruda, no vale la pena†o “si es como Neruda, no vale la penaâ€. Se lee a través de Neruda. Y con Parra es igual. Un lector de ambos podrÃa encontrar las diferencias con Parra; para empezar, Parra jamás ha escrito un soneto como lo hago yo. El tema de la guerra, que está presente en mi poesÃa, está completamente ausente en Parra, no existe. El tema del amor, que es muy gravitante en mi poesÃa, es casi inexistente en Parra. Tendrá un par de poemitas sueltos y punto. El uso de las formas clásicas, etcétera. O sea: un crÃtico inteligente podrÃa encontrar más diferencias que similitudes mÃas con Parra.
Tengo entendido que está viviendo en Chile. ¿Ha regresado definitivamente a radicar en Chile o de todas formas regresará a Iowa?
Ahora estoy en un momento que podrÃamos llamar exploratorio, en el que he llegado a Santiago hace un mes, después de treinta y cuatro años de ausencia, para ver cómo me sentÃa, para ver si podÃa hacer mi vida ahà o si ya estaba tan acostumbrado a Estados Unidos que no iba a poder. Entonces estoy en esa etapa de ver qué pasa, cómo me siento, que puedo hacer ahà o no. Aunque creo que voy a pasar parte del año en Chile y parte del año en EE.UU. Es lo más probable.
BOLAÑO
No puedo dejar de preguntarle por Roberto Bolaño, el escritor chileno más visible de los últimos años ¿Lo ha leÃdo? ¿Qué opina acerca de su obra?
Por supuesto que lo he leÃdo. A mà lo que me atrae de él –aunque yo no soy un gran lector de narrativa, lo debo confesar– es que él incorpora a la narrativa chilena e hispanoamericana una suerte de frescura, hay una cosa fresca en su prosa. Y una autenticidad en él. Una persona muy auténtica, no es que él quiera presentarse de tal o cual manera: él es como es nomás y eso se nota. Ahora, él ha tenido un gran éxito internacional, en todas partes donde he estado él es figura. Por ejemplo, leà el New York Times no hace mucho y encontré una reseña al último libro que le publicaron, Los detectives salvajes, con valoración óptima. Y después uno lee en Le monde una reseña óptima sobre el mismo libro, y en España otra reseña sobre el mismo libro y es óptima también. Entonces uno dice: “bueno, algo tiene que haber aquÃ, no puede ser coincidenciaâ€. Y sin embargo, hay otros que opinan diferente: piensan que es un escritor sobrevalorado, dicen que Bolaño solo representa un momento de la historia de la literatura. Eso solo se verá más adelante, no ahora.
Se ha formado una especie de mito en torno a él…
Como si la palabra de Bolaño fuese la palabra de Dios. A mà los periodistas me preguntaron por la novela Estrella distante –que por ahà en un ranking salió como una de las diez mejores novelas latinoamericanas del siglo XX. En una parte del libro él me menciona a mà como uno de los poetas que leÃan los personajes, y eso ha hecho que me pregunten: “¿Cómo se siente usted de que Bolaño lo nombre en su novela?†Y lo que yo digo es que preferirÃa que me preguntaran cómo me siento por escribir esos poemas y no porque Bolaño me nombre. Pero en fin, los periodistas son asÃ. Es como si Bolaño fuera la aduana: “Ya lo nombró, entonces pasa, es un buen escritorâ€. Pero Bolaño ahà mencionó a poetas harto malos también (rÃe).
6 Comments so far
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Muy buena entrevista. Preguntas precisas, dinamismo. Felicitaciones a Niki Tito.
Me hubiera gustado que le preguntes si la muerte de su padre, a tan corta edad, influyó en su poesÃa. Al parecer es un tipo sencillo. Y qué bueno que enriquezca más, como mienbro de la RAE chilena, a nuestra lengua.
Como dijo Borgues: “Mi destino es la lengua castellana”.
Harry Cañari-Atoche
Excelente entrevista al chileno.
Fácil es la última vez que lo vemos acá en Perú. Con setenta años ya no creo que regrese.
Sigan asà carajo. No sé si se dan cuenta, pero lo están haciendo muy bien en la web. Ya son referencia de todas maneras.
Saludos,
David Z
buenÃsima, chicos… salud!
Gracias por volver a pasar por aquÃ, maestro. Se le extrañaba.
saludos,
Francisco
Buena, Tito.
Gran entrevista.