Ago 13
la luz de la locura
por Juan Francisco Ugarte
En La iluminación de Katzuo Nakamatsu, Augusto Higa se aleja de lo coloquial y la expresión oral que caracterizó a sus anteriores entregas (por ejemplo, Que te coma el tigre o Final del Porvenir) para configurar un lenguaje mucho más elaborado. Arrastra, no obstante, ciertos aspectos que se convierten en sellos personales: el continuo interés por los barrios marginales de Lima, y la fusión entre el mundo japonés y el mundo peruano. Higa introduce hasta en el más mínimo detalle esa convergencia propia de los niséi, y que a la larga se convierte en el conflicto de identidad con el que tendrá que lidiar Katzuo Nakamatsu.
La novela muestra el derrumbe de un personaje perseguido por voces generadas en su propia mente, y atormentado por la idea de una muerte cercana. Katzuo se ve envuelto en un drama personal que paulatinamente deriva en distintos estados de conciencia, en donde la verdad se transforma en una mera ambigüedad de pensamientos, sensaciones y alucinaciones. El protagonista se descubre en una absoluta soledad (es viudo y no tiene hijos) que empeora con su despido de la universidad en la que trabajaba como profesor. Sin nada ni nadie, su caída resulta inminente. Sin embargo, dentro de su estado de enajenación y desprecio ante una realidad adversa y enemiga, aparece la luz, la belleza, el equilibrio. Esta iluminación significa para Katzuo la tranquilidad y armonía del alma.
Higa inserta al protagonista en el proceso de una experiencia que se basa en la búsqueda de una revelación, de un orden o acaso de una liberación absoluta. En este camino, el personaje se deja llevar por su propio tormento, por su incapacidad de descifrar el motivo de su incesante confusión, y por su doble marginalidad. Katzuo es, ciertamente, marginado por su familia y por él mismo: “(…), pues Katzuo no visitaba a nadie, era su destino, profesor universitario y un magro sueldo estatal. Pariente pobre, viudo infeliz, sin hijos, Katzuo vivía en casa popular heredada de sus padres, sentía vergüenza, sentía bochorno”. En cambio “ellos [su familia] estaban hermanados por una terrible fe, luchando contra todos, soportando crisis y descalabros, emergían animosos, y tenían orgullo de llamarse el clan de los Nakamatsu”. Por tanto, Nakamatsu se siente desarraigado incluso de sus propias raíces. Entiende que su lugar no se encuentra en ninguna parte, y que su vida no tiene dirección ni sentido alguno. Su final es la nada. Y en este curso de cosas, el protagonista pierde lucidez y empieza un desmoronamiento que, para efectos cualitativos de la novela, constituye su momento más intenso y sobresaliente.
Con respecto al manejo del lenguaje, Higa adopta una estilística distinta a las utilizadas en libros anteriores. En esta novela ya no importa lo oral, sino la frase bien estructurada, el refinamiento de las palabras y la prosa ordenada. El trabajo del lenguaje se refleja en el transcurso de todo el libro, y se contrapone a las imágenes que intenta transmitir como, por ejemplo, los lugares delincuenciales y sus referentes nocturnos (alcohólicos, prostitutas, homosexuales veteranos, etc.). Al mostrarnos una atmósfera dramatizada, el lenguaje utilizado por Higa favorece las posibilidades de estas imágenes. De este modo, el estilo se teje a partir de un lenguaje que describe con exactitud los distintos ambientes y situaciones que la historia demanda.
Sin embargo, la prosa se caracteriza principalmente por una excesiva utilización de adjetivos, lo cual hace perder al relato agilidad, sorpresa y plasticidad. Pero es esta deficiencia la que brinda, asimismo, un aporte: contribuye a una dramaticidad que se convierte en el marco principal de la historia, donde el personaje se abstrae en sus propias angustias y delirios. Esta sensación de drama que impone el relato se ve muy bien aprovechada por un lenguaje que en líneas generales tiene una regularidad inusual. Es indudable, por tanto, el valor estilístico de la novela, pues existe un trabajo cuidadoso, al momento de la elaboración de cada imagen, que a fin de cuentas obtiene un resultado efectivo.
Por otra parte, el personaje principal que nos entrega la novela aparece como un enmarañado sujeto que, con todas las alucinaciones a cuestas, pretende redimir a figuras antiguas que constituyen, en su momento de locura y enajenación, los únicos referentes de lucidez: el poeta Martín Adán y Etsuko Untén, un japonés que en los años 40 realizó una resistencia en apoyo a su país. Se identifica con ellos, y los adopta como posibilidad de existencia. Para Katzuo ellos representan la única versión de la realidad y lo verdadero, el camino para concebirse a sí mismo en un mundo extraño y que se encuentra exclusivamente en su conciencia. Con esto, Nakamatsu adquiere dimensiones enigmáticas e incluso místicas, cuyo poder perturbador consiste en un continuo contacto con la muerte, la soledad y la locura. Y es justamente la muerte lo que nunca llega. La ansiedad de la espera y la angustia de no saber cómo se producirá terminan en un acto instantáneo y totalmente inesperado: la observación de la belleza. A partir de ese momento, Katzuo tiene un cambio, una transformación interna, luego del cual su alcance como personaje complejo o hermético carece de ese valor adicional que le brindó, en un principio, un interés particular y que desarrolló en toda la historia. Sin duda, esta última parte es la más floja de la novela.
Siguiendo la misma línea, quiero referirme al otro personaje, que funciona como narrador de los hechos: Benito Gutti. Aparece en el relato casi a la mitad del libro, de una manera abrupta e intrascendente para la historia. Es un narrador que, si bien se nutre de intensidad gracias a la cercanía de Katzuo, no contiene en sí mismo un valor narrativo ni secuencial. Se limita a esbozar ciertos aspectos episódicos que se relacionan con el protagonista, pero cuya relevancia es mínima y hasta innecesaria. Gutti bien podría no aparecer y la novela no sufriría ningún cambio significativo. Su voz alcanza fuerza narrativa en algunos momentos; sin embargo, fracasa en la mayoría. Sus limitaciones, por lo tanto, lo relegan a un plano inferior, donde cumple una función que la historia podría prescindir.
La iluminación de Katzuo Nakamatsu tiene la virtud de gozar de un lenguaje distinto y eficaz que mantiene, en la mayoría del relato, el mismo nivel. Basado en su prosa depurada, la novela logra una particular importancia a partir de su protagonista, Katzuo, quien encarna la angustia de la locura y, al mismo tiempo, la posibilidad de una armonía espiritual. En suma, es una novela que, a pesar de ciertas deficiencias, contiene apreciables cualidades, presenta a un personaje intenso y con un estilo propio obtiene un efecto dramático preciso y necesario.
Augusto Higa Oshiro
La iluminación de Katzuo Nakamatsu
Lima, Editorial San Marcos, 2008
127 páginas
20 Comments so far
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No entiendo la razón de este post. ¿En qué enriquece lo ya dicho en Porta9 sobre esta última novela de Higa? Finalmente, lo que Ugarte hace es volver a contarnos una historia que ya sabemos. No da un juicio valorativo contundente y es hasta contradictorio en lo que dice. Por un lado afirma que la prosa de Augusto Higa en su último libro se excede en adjetivos, tomando este rasgo como un defecto, y al mismo tiempo Ugarte, dice como conclusión sobre la novela de Higa: “…tiene la virtud de gozar de un lenguaje adecuado y eficaz”. ¿En qué quedamos? Ya se esá haciendo costumbre el criticar al crítico en Porta9. Las reseñas es uno de los puntos flacos del blog. Se nota apresuramiento por postear. Si hay más de una reseña sobre un mismo libro esta debe plantear un punto de vista distinto al de la primera reseña, si no no se justifica, y eso queda a criterio del administradr del blog.
Muy acertada la crítica o reseña.
Sldos,
Harry Cañari-Atoche
Buena Ugarte, le has devuelto el level a esta web.
Saludos a mi hermano Aquino.
G. R.
Estimado Lolo, cuál es la primera reseña? La de JF Ugarte es la primera (y será la única) reseña de La iluminación de Katzuo Nakamatsu que aparece en Porta9. Lo que ha habido anteriormente es una entrevista a Augusto Higa, y un breve intercambio de impresiones con Javier Ágreda en la mesa de crítica literaria. Parece que esas dos cosas te han confundido un poco. De cualquier manera, gracias por seguir participando.
saludos,
Francisco
La reseña es buena, emite una opinión distinta y motiva a acercarse al libro de Higa. Mucho hígado hace el tal Lolo. Como siempre, Porta9 ofreciendo lo diferente, felicitaciones.
Ta que mi comparito Ugarte escribe cada vez mejor. Y mi tío ponja ha demostrado que su lite sigue viva. Se ha librado de algunos prejuicios y eso ha enriquecido su prosa. Leí su libro, es lo mejor en lo que va del año.
Es uno de los mejores libros que he leído en lo que va del año. Esta novela es un lugar al que siempre se puede volver y gozar así transmuten los tiempos. Higa tiene la virtud de tratar temas límites en el ser humano, sin que su prosa caiga en el desequilibrio. Por cierto, en varios pasajes percibo rasgos biográficos, qué bueno que escribir nos de -algunas veces- la gracia de entendernos.
Felicidades,
d.
Parece que ese Lolo estaba en huasca cuando escrbió el comment. Cuando se han escrito dos reseñas sobre un mismo libro en Porta? Jaja. Y hay que leer mejor también. La contradicción la advierte el mismo Ugarte en la reseña. Por eso habla de un lenguaje eficaz creo, no?
Buena con la reseña,
slds
Ese Lolo solo quiere figurar.
Se avisora que sea uno de los que no le liga algun tipo de poema. Si la hicera facil estuviera feliz. No le liga por eso molesta tanto.
Si el de arriba no te da…no te da
Creo que hay que corregir al critico del critico para no tener una actitud totalmente pasiva como el lo ha escrito en un comentario del post “Buscando Novia”.
Mejor que se lea bien, antes de señalar un error!!!
Es simpático todo el post, eso sí es cierto.
Pd. Ya me disculpé por el sarcasmo en el comentario anterior por lo que se produjo el malentendido.
Me refiero al malentendido de que los que se quejan son comunistas, no me he referido a eso.
Slds
Ciertamente lo que Ugarte dice ya lo han dicho Agreda, Espinoza Suàrez y el propio Gonzales Vigil. Pero con un apunte màs critico sobre la trama de la novela donde -coincido con Ugarte- la aparciòn del amigo de Nakamatsu, Benito Gutti, no tiene mayor valor. Allì agregarìa que el final (que sì me parece adecuado) tiene solo una interrogante: quièn es la “nesan” que habla en el subconciente del atormentado Nakamatsu, quien relata las atrocidades de guerra perpretadas a los “nihonjin” aquì en Perù.
Respaldo la idea de locura como motivo creador, aunque en el libro la locura es liberadora.
Yo me pregunto si el personaje de ficciòn que estelariza Higa en su ùltima entrega, tiene relaciòn con el “Augusto Higa” que estelariza el libro “Japòn no da dos oportunidades”, donde la locura tambièn funciona como una fuerza desencadenante (algo autobiogràfica, digo yo).
ME parece que hay un lazo ahì… quièn sabe. Higa dirà.
Sludos
Después de la experiencia mimética con el lenguaje popular y el uso social de la literatura, Higa se da cuenta de que es un escritor y propone una historia y una técnica narrativa más personales. Más allá de los detalles que señala esta reseña, buena novela.
alguien sabe si el autor es pariente del editor Arturo Higa?
“Higa se da cuenta de que es un escritor y propone una historia y una técnica narrativa más personales”
A ver explicame eso amigo, ¿O es que antes por utilizar el lenguaje popular y el compromiso social en la literatura no era escritor? ¿Qué características hay que tener en la obra de uno para ser considerado un escritor?
Espero con ansias que Lolo se identifique y anuncie pronto su blog (si es que ya no lo tiene)…quisiera saber si sería tan tolerante a las críticas, a veces sin fundamento y biliosas, como en este caso
Saluditos!!
Si te identificas, yo también lo haré sin ningún problema
Felicitaciones a Ugarte, muy buena la reseña. Sin dudas, tiene mucho talento este muchacho.
Saludos.
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