Sep 3
EL HOMBRE QUE MIRA EL MAR
El eslabón perdido y los megalólogos
por Carlos Calderón Fajardo
Este artículo está vinculado de alguna manera a la pesquisa detectivesca. Es por ese motivo que he deseado empezar hablando del creador de Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle (1859-1930), que como sabemos resolvía los asuntos criminales por deducción. Fastidiaba a muchos el ingenio de Conan Doyle, su fama y el dinero ganado con sus libros. Y los envidiosos, que los ha habido en todos los tiempos, decidieron sacarse el clavo haciéndole una broma pesada a quien había creado al más agudo y genial de los detectives. Era conocida la afición de Conan Doyle por el espiritismo y estos malandrines le hicieron creer al buen Arthur que una aparición incorpórea, Katie King, había puesto sus ojos en él. El escritor se enamoró perdidamente de esta amada fantasma.
Cuando se descubrió la maligna patraña, Arthur Conan. D. quedó profundamente herido. Pero uno no se puede burlar del autor de Sherlock Holmes e irse de lo más tranquilo. Para ciertos hombres demasiado orgullosos, algunas infamias pagan factura. Aunque yo recomendaría para vivir en paz interior perdonar las ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Conan Doyle, que no era cristiano, no pensaba de la misma manera. Además de escribir estupendas novelas policiales era aficionado a coleccionar fósiles. Su amigo el paleontólogo Charles Dawson demoró solo el tiempo de dar tres lampazos –en la época que las teorías de Darwin estaban en boga- para descubrir cerca de su casa, en Piltdown, un cráneo con su respectiva quijada. Los científicos ingleses rápidamente proclamaron que el “eslabón perdido”, el eslabón final en la evolución entre el mono y el hombre, era inglés. Y lo llamaron Eoanthropus, que popularmente fue conocido como el hombre de Piltdown. Veinte años después, el Doctor Keneth Oakley descubrió que los restos del hombre de Piltdown eran los de un orangután, cuyos huesos habían sido envejecidos por medio de bicromato de potasio. Se desató el escándalo y se supo la verdad. Arthur Conan Doyle, con la complicidad con su amigo Chales Dawson, se había burlado de los científicos ingleses que le gastaron la broma de la amada fantasma, se burló durante 40 años y se siguió riendo de ellos hasta 19 años después de su muerte.
Esta historia viene a cuento porque el debate en la literatura peruana se viene dando con furor acerca de determinar si los escritores fósiles son falsos o verdaderos. Y a esta discusión se la ha llamado: “La batalla por el canon”. Una muchedumbre de megalólogos han decido lanzarse a canonizar a algunos escritores antes de que fallezcan y expulsar del canon, es decir sacar de la historia, a autores en plena actividad. Es decir, canonistas iluminados han pasado a la categoría de arúspices: adivinan el futuro.
Para que no se piense que escribo este artículo con rencor por no ser incluido en ningún canon ni historia literaria, de aquí en adelante el que siga escribiendo este artículo será denominado: “El Escritor”, ya que mucho de lo que se va a decir acá surge de recientes conversaciones con escritores amigos que van a reconocer sus ideas, y me pueden acusar de plagio o de utilización indebida de conversaciones privadas.
En primer lugar a “El Escritor” le ha importado siempre un pepino ser incluido dentro del canon o en una historia literaria, aunque el historiador sea inglés. Los escritores (y los pintores también) siempre se han resistido a ser incluidos dentro del canon, otros han sentido terror con la idea de ser canonizado, o se han opuesto guerreramente contra el mismo, escribiendo y pintando contra aquello que manda el canon. Otros se han burlado a lo largo de los siglos de los megalólogos, pero curiosamente hoy ocurre el fenómeno inverso: hay una lucha desesperada de algunos escritores por figurar en el canon, o que su nombre aparezca en la historia literaria de un país insignificante como el Perú. Unos cuantos son capaces de cualquier cosa con tal de figurar en el canon. A veces han publicado un solo libro medio chambón y ya se presentan con derecho a la inmortalidad. Los megalólogos, vaya a saber basados en qué sustento, o utilizando argumentos absurdos como aquel que dice que para ser parte del canon hay que se reconocido en el extranjero, cuando todos sabemos que entre los escritores vivos, salvo Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce, ningún otro peruano goza de un reconocimiento perdurable en el extranjero, y mucho menos en España.
Los megalólogos elaboran graciosamente sus respectivos cánones. Ciertos megalólogos tienen algún tipo de derecho adquirido ya que se han pasado la vida publicado libros formulando el canon quinquenal, para eso realizan encuestas; son megalólogos que elaboran antologías, escriben en periódicos, son jurados de concursos, detentan una cátedra. Son los megalólogos nacionales “oficiales”. También conocidos como “los guardianes vitalicios del canon”. Pueden ser peligrosos: si le bajan el dedo a un escritor, éste, igual a Gregorio Samsa, puede despertar un día convertido en escritor de culto.
“El escritor” piensa que dichos cánones son de poca utilidad, porque un gran escritor con todo el derecho a figurar en el canon puede no decirle nada a un lector X, y sí más bien un escritor no tan importante. En otras palabras, el valor de un escritor depende de muchos factores menos aquellos que proponen los megalólogos para elaborar sus listas canónicas. En este sentido, alguien ha dicho por allí la siguiente frase genial: “Qué te quejas de no estar en mi canon si yo no me quejo del tuyo”. ¡Oh, la maravillosa diversidad! No existe un canon sino cada quien tiene el suyo, y es una tontería y hasta incoherente reclamar figurar en el canon del enemigo. Haz tú canon y no te arañes. Realmente interesante. Esta idea tiene las siguientes deliciosas consecuencias: un grupo de amigos se juntan para formular a través de un megalólogo a su servicio su propio canon, se incluyen a los amigos, se excluyen a los enemigos y a los que no reúnan todos los requisitos para ser considerados amigos. Un grupo de miembros de una tendencia política (-estética) formulan su canon, se incluyen a los ubicados en la posición correcta, se excluyen a los que se encuentran en una posición sospechosa de defender intereses de la clase X, por lo tanto políticamente incorrecta, pero sobre todo en estas formas extrañas de formular el canon se excluye a los apolíticos por egoístas, o por escribir literatura fantástica. Del mismo modo, cada provincia en el país tiene su canon, por lo tanto en el Perú existen 171 cánones, uno por provincia. Estas diversas variedades de canon son defendidas a muerte por sus seguidores. Y el que se pica pierde. Entonces hay un aluvión de cánones sustentadas en las más disparatadas justificaciones. La más profunda de todas es la que afirma: “Este autor figura en mi canon porque me gusta, y este no figura porque no me gusta”. ¿Cómo se les llama a los practicantes de este deporte de arúspices? Megalólogos.
Pero hay un juego megalológico que tienta a “El Escritor”. Parte de una frase que se utiliza mucho en el debate sobre el canon: consiste en establecer en una literatura qué escritor marca “un antes y un después” en la narrativa nacional. En la narrativa peruana hay varios escritores sin discusión; es lo que “El Escritor” piensa, no yo. Hay argumentos válidos. Valdelomar: antes de él no habían verdaderos cuentos, y después de él y a partir de él se crea el cuento peruano. Ciro Alegría, antes que don Ciro escribiese El mundo es ancho y ajeno no había verdaderas novelas: partió de cero y abrió el camino. Arguedas es otro “antes y después”: antes de don José María no existía literatura andina, él la creó y tuvo y tiene infinidad de seguidores. Ribeyro creó de manera definitiva el cuento moderno, el realista y el fantástico, y tuvo tantos seguidores como Arguedas. Vargas Llosa, nuestro primer gran narrador moderno, nos enseñó las técnicas de la novela moderna. Después de él ya no se pudo escribir novelas naturalistas ingenuas. Vargas Llosa nos enseñó también la gran lección que es la actitud del escritor abierto al mundo, todos los que vienen después en la narrativa peruana son de una manera u de otra influidos por él. Finalmente el entrañable Oswaldo Reynoso, maestro de juventudes, se dio cuenta que la oralidad podía ser una forma extraordinaria de narrar y el primero en seguirlo fue Arguedas, y abrió el camino a todo tipo de narradores. Fuera de los mencionados, el resto, empezado por el gran Martín Adán y La casa de cartón, no tuvieron ni antes ni después, o tuvieron antes y no después. Le parece a “El escritor” que por su calidad muchos de estos caballeros narradores podrían figurar en el canon creado por un Megalólogo, pero su obra no marca un antes y un después. “El escritor” piensa también que en la década del 90, en el Perú, se produjo un viraje de la tradicional narrativa peruana realista social a otro tipo de narrativa. El que lo quiera negar es un necio. Y en ese cambio hay un escritor que marca “un antes y un después”. “El Escritor” ha querido llamarlo “El eslabón perdido”. ¿Quién es? Un hombre cuya obra marca un antes y un después. “El escritor” me ha pedido ayuda para desentrañar este misterio. Se aceptan propuestas de nombres para el descubrimiento de este fósil importantísimo, pero por favor que no sea un orangután como el de Conan Doyle, por ahí anda más de un “hombre de Piltdown” proclamando que su obra representa “un antes y después” en la narrativa peruana.
¿Pero de dónde viene la palabra “Megalólogo”? ¿Cuál es su significado? Viene de un libro de Elías Canetti, Der Ohrenzuege, que fue traducido al español de manera estupenda por el peruano Juan José del Solar, designado traductor oficial de las obras completas de Elías Canetti por voluntad expresa del escritor. El libro donde aparece el “Megalólogo” fue publicado con el título Testigo del oidor (Galaxia de Gutemberg, 2003, traducción de Del Solar) Contiene 50 caracteres. Uno de estos es el Megalólogo. Este carácter es perfecto para tipificar al obsesionado por formular listas canónicas. Veamos qué dice Canetti (hemos tomado sólo algunos fragmentos de este texto referidos a dicho espécimen humano).
El Megalólogo
El Melalólogo alza los brazos al cielo y exclama: “¡Genio!” ¡Y no hay nada más que decir! Corre el rumor que no disfruta mucho midiendo y hace todo aquello para presentarse, súbita e irrevocablemente, con un genio. Y entonces no hay explicaciones que valga. El Megalólogo procura que el número de genios no aumente demasiado. Estos, además, sólo se dan enteros y es totalmente erróneo presentarse con cuartos u octavos de genio. De nada sirven los métodos normales de cálculo. Lo esencial es que el número de genios sea limitado en cada siglo.
Es pues, recomendable no encumbrar a nadie sin motivos apremiantes. Muchos se mantienen ocultos largo tiempo. Otros yacen bajo tierra a gran profundidad. Sólo el propio Megalólogo posee una varita mágica, y puede costar toda una vida conjurar a una docena de genios del pasado en el que se esconden complacidos. El Megalólogo tenía, según dicen, madera de genio, pero optó desde muy joven por su durísimo oficio. Personificación misma de la ley moral, su conducta es intachable, y como el robo se sitúa inmediatamente después del crimen y todos los genios, al igual que los cuervos, roban sin ningún escrúpulo, él renunció a ser uno de ellos y se contenta con sondear su insondabilidad.
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Querido, Carlos:
Excelente Artículo. Te felicito, especialmente por la valentía de hablar sobre este tema. Has levantado la voz contra los sacerdotes de la jerarquía literaria. Los que se autodenominan “la voz autorizada” que acepta o rechaza nombres para crear una realidad colectiva, aunque bien sabemos que la realidad colectiva “es”, más que se crea por alguien.
Me explicaré: de acuerdo con la neurobióloga Candice Pert, la realidad se da en nuestra mente. Nosotros creamos nuestra propia realidad. Si somos pesimistas, nuestra vida será un infierno y si por el contrario somos optimistas, nuestra existencia tenderá a ser color de rosa. Esto no es un chiste. Lo que dice la doctora Pert, viene a ser ratificado por la nueva ciencia “Epigenética” que ha nacido en el transcurso de los diez años que transcurrieron después de que se descifrara el Genoma Humano. Esta ciencia ha demostrado, en el laboratorio, que lo que antes se creía genético, responde mucho más a factores externos que pueden ir desde el alcohol y el tabaco ingerido por el sujeto que se analiza, hasta la forma en que este fue tratado en los primeros años de su niñez. Quién desee más información al respecto que recurra a lo escrito sobre esta ciencia (Epigenética), en la internet o en la televisión (Programa “NOVA” de la televisión pública de USA).
Se puede decir ahora, con confianza, que la realidad se da en nuestra mente. Es decir la mente del individuo. Es una realidad para un individuo específico. Pero si hablamos de una realidad que se crea para un grupo, por un individuo, la cosa cambia. Requeriríamos del acuerdo colectivo del grupo para el que se ha creado esa realidad.
Así tenemos que si alguien decide crear una “realidad literaria” para nosotros, los lectores, nosotros, los lectores tendríamos que ponernos de acuerdo para ratificar o aprobar esa realidad. Estas realidades colectivas normalmente encuentran ese acuerdo gracias a un elemento común a todos los individuos implicados (nosotros los lectores), que es la calidad de lo leído.
La calidad de lo leído puede corresponder a un acuerdo multitudinario o a uno de magnitud limitada. Los lectores respondemos a la estructura de una campana de Gauss también. Tenemos la cola de la izquierda… tatata, tatata… Todo esto sin necesidad de “alguien” nos diga qué es bueno, malo, aceptado o ignorado. Hay pues una identificación silenciosa en individuos a centímetros o a cientos de millas de distancia, con el objeto leído, con el tema, la estructura, los caracteres, la intriga y las emociones despertadas por la historia. Por el manejo de la lengua, por la simplicidad o por su hermana mayor, la complejidad de la forma en lo dicho por el escritor.
¿Quién y con qué autoridad puede decir qué escritores lo son y cuales se deben ignorar como tales? ¿Qué importancia podemos darle a estos sujetos? Yo pienso que ninguna. Cuidado que lo que yo digo, corresponde a mi realidad. No se preocupen por mí. Tengan cuidado de aquello en lo que nos ponemos de acuerdo, de manera silenciosa, muchos individuos. Creo que somos varios los que pensamos que los sacerdotes o los megalólogos, como los llama mi amigo CCF, no tienen vela en este entierro.
César Zamalloa, mi buen y paciente amigo se debe acordar de esto que mencionaré: Hace muchos años, creo que en 1968, una lloviznosa noche de agosto a las 12 de la noche, sentados a una mesa en la vereda de un café en la avenida Brasil, bebíamos cerveza y conversábamos César, un joven (17 años de edad), paciente del pabellón de enfermos mentales del hospital militar y yo (lo traía conmigo, siempre que se podía). Los dos mayores estábamos abocados a salvar esa alma joven angustiada por el trato intransigente y brutal de un padre policía. El muchacho en mención era el sacerdote de la filosofía y los filósofos. Hablaba sin parar de la grandeza de Sócrates y de sus inviolables principios. Trataba de hacernos notar la manera tan irreverente con que quebrábamos las reglas del buen filósofo y lo hacía de tal manera que no tuve otra salida que decir: “¡Me cago en Sócrates!” El joven entro en shock, César y yo nos orinamos de la risa y dos horas después, así medio loco como estaba, el muchacho principió a reír. En ese instante, el joven paciente de manicomio pudo concebir la realidad tal como nosotros la estábamos viendo.
Me tienen que perdonar, pero yo no soy un profesional de la literatura. Me gusta leer, nada más. De cuando en cuando escribo un cuento y ya estoy viejo, pero no tengo la más remota esperanza de que algún día ningún sacerdote de la literatura o megalólogo me considere en alguna lista como “escritor”, así que si de algo vale y en prueba de lealtad hacia mi amigo CCF, con todo respeto, me ensucio (para que no me vayan a censurar el comentario), en todos y cada uno de los megalólogos del medio. Tengo la esperanza secreta de que en un par de horas, varios se van a reír de buena gana conmigo.
Hace algunos meses, en un comentario que hice a cierto post, señalé cierto vicio de los escritores, que tienden a sentenciar, al igual que ciertos críticos, qué obras y autores pasarán al olvido y qué otros rescatará tarde o temprano la memoria. Sergio Pitol anunciaba la muerte de esa novela policial clásica, geométrica, perfecta y sin los elementos pasionales de la vida, sin sospechar que en el mundo abundan seguramente quienes leen con mayor placer a Wilkie Collins que a Chandler. Yo creo más bien que en la infinitud del tiempo, a muchos escritores les será dado el privilegio de morir y resucitar interminablemente; y que el esfuerzo de aquellos que se empeñan por establecer un canon, no pasa de ser un esfuerzo didáctico y coyuntural que apunta a sistematizar, en la medida de lo posible, el caos. Un libro como el de Oviedo, imagino, tiene como objetivo instruir más que separar “el grano de la paja”; y en esa medida, será posiblemente útil para la docencia universitaria; la reacción de quienes protestan por aquellos que fueron excluidos, responde más que a la realidad a una pesadilla: que el susodicho texto se convierta en algo así como una biblia. Aunque se distancia un tanto del tema, les recomiendo el penúltimo post de Enrique Prochazka, en su blog Cartas del Archipiélago; se titula “Que se agitan como locos” y toca al menos tangencialmente el tema del escritor sediento de celebridad. Si Enrique es el más inteligente de los bloggers, se debe, creo yo, a que se dedica a la carpintería y de vez en cuando al alpinismo. Por si aca, ni lo conozco.
Qué paja el post. El tío CCF es un maestro. No tengo nada más que decir. Felicitaciones por la reaparición en Porta nine.
Muy “neuronal”, al par que informado,tanto el post como los dos comments precedentes.Es un gustazo leerlos.
R.B.
Escondido en este oscuro rincón donde anidan los arácnidos ilustrados, y gracias a esta laptop agenciada de manera cuestionable, he leído con delectación este texto de CCF. Inteligente, filoso, ameno. Todo un lujo para Porta9 (o Nine, como dirían en el icpna). Ahora, esa palabrita canon ya me tiene más loco que el poeta que entrevistaron la vez pasada. Tanto canon y canon y canon me va a sacar canas y canas y canas. Apago la PC.
Arriesgado artículo de CCF. Buen comienzo para PortaNine… (verdad, yo fui la primera en decirlo así).
¿Qué más sorpresas nos esperan?
Janis Joplin, toda persona que efectúa críticas, aunque sea desde una posición honesta, arriesga siempre. En la literatura peruana no existe la crítica seria. Y una literatura sin posiciones criticas alturadas, creativas como la de CCF, no con insultos, no avanza Hay una conservadorismo virreynal de derecha y de izquierda. Ahora hay gente que está atacando a los blogs, por supuesto muy bien posicionados en sus páginas en los medios, ¿por qué? Porque en los blogs es el último espacio que queda para ejercer la crítica. “Los guardianes vitalicios del canon” como los llama el tío Calderón han criticado durante décadas sin que nadie les diga nada. Ya es tiempo de criticar al crítico. Eso es modernidad.
Saludo la reaparición de Calderón Fajardo. Es verdad que nadie puede negar un cambio en la narrativa peruana a partir de los noventa, aunque no estoy tan seguro de que exista un eslabón perdido, un solo escritor que haya cambiado todo, que sea ese “antes y después” que CCF indica en su artículo. Hay muchos que cambiaron el rumbo, Prochazka, Thays, Bellatin, Arévalo, muchos otros escritores que se pusieron a hacer algo diferente, pero creo que ha sido una cosa conjunta sumada a la llegada de librerías con novedades internacionales y también de internet, que han hecho posible la transformación. No hay eslabón perdido. Lo que hay es un tiempo de cambio, como ha habido siempre.
Por qué Mirko Lauer critica a los blogs. Es raro que un defensor de las vanguardias se ponga a el espacio de vanguardia y libertad por excelencia que son los blogs. Sí, hay que criticar a las críticos, como dice Jeremías, y mucho más en casos como este, en que se ponen en guardia cuando un espacio alternativo gana su espacio.
y por qué no antes de los noventa, como luis loayza, por ejemplo?
Jeremías, decir que CCF es arriesgado era algo positivo, no en su contra… creo que está bien que se arriesgue y que como consecuencia, se abra el debate.
Loaiza, puede ser en apariencia ese eslabón perdido. Pero Loaiza no tuvo seguidores. Thays si los tiene, pero no tiene antecedentes él y Bellatin y el mismo CCF, al que no se menciona, tidis ellos no tienen antes y después en la literatura peruana. Tienen “antes” en otras literaturas. Lo que se podría pensar es que en lo 90 hubo un cambio de época, y la literatura peruana cambió de paradugma sin que haya eslabones perdidos. Perocon el tiempo creo podrá verse con más claridad lo que realmente ocurrió cuando se evaluen las obras en profundidad sin prejuicios, sin factores extra-literarias. Con fechas, valor artísico, influencias, estilos, etc.
No hay eslabón perdido, querido CCF, lo que ocurre es que a partir de los 90, un escritor peruano puede escribir una novela o cuentos, sin leer a autores peruanos. Eso es lo que está pasando hace 15 años. Los escritores peruanos no son ya referentes para nuevos escritores peruanos jovenes.
Muy interesante el artículo de CCF. Es un ejemplo aleccionador de que se puede ser polémico (texto) sin caer en veleidades provocadoras. Gracias.
EUL
Si me guío del criterio “antes/después”, con Reynoso CCF y Faverón (http://puenteareo1.blogspot.com/2008/09/pelear-con-fantasmas.html) coinciden.
CCF: “(…) el entrañable Oswaldo Reynoso, maestro de juventudes, se dio cuenta que la oralidad podía ser una forma extraordinaria de narrar (…) y abrió el camino a todo tipo de narradores.”
GFP: “Creo que la obra de Reynoso ha abierto muchas rutas de exploración para las generaciones posteriores (…)”
En el caso de Gutiérrez, CCF no dice nada, y GFP no menciona si se ajusta al criterio “antes/después”.
¿Se busca un eslabón perdido, o se manda al retiro a un viejo saurio?
Gutiérrez tiene una obra, Reynoso otra. Por qué si mencionana a uno tendrían que mencionar al otro? Son siameses? Se les vincula por amistad, por haber sido del mismo grupo, por ideología. Pero por qué, me pregunto, es solo una pregunta, se tendría que hablar de los dos al mismo tiempo. Por qué hablar de uno es necesariamente callar sobre el otro?
CCF hace bien en no destacar a Miguel Gutiérrez como influencia. Es difícil que MG tenga seguidores si tomamos en cuenta que su libro más importante pasa las mil páginas, Se supone que un escritor que deja influencia tiene que haber sido leído, no? Me pregunto cuántos habrán leído Violencia del Tiempo. Sinceramente no creo que muchos.
Buen blog
saludos!
Carmen
Si el caso fuese ignorar a Miguel Gutierrez, ¿y Alfredo Bryce? ¿Qué? ¿El no merece más estar en un canon?
A eso no se refiere CCF, Byce es parte del canon, pero no tiene un antes no un después. ¿Diez Canseco, el antes? ¿El duque? No creo. Y el después ¿Jaime Baily?
Recién me doy un tiempecito para escribirle a CCF, pues sencillamente es estupendo. Aunque es increíble cómo en nuestro medio literario pasan éstas cosas, espero, me gustaría, ojalá sea así, que no sólo pase en el Perú pues seríamos la arístocracia y los pebleyos (a la vez) del mal uso de los referentes pues qué leerá el futuro peruano -sí es que acaso los quiere leer- creo que nada.
Complicado pero sencillo de resolver.
Harry
Es interesante encontrar una actitud critica coherente en este tema que visto desde la forma en que los medios lo han presentado parece un raje de tias por ser la mas “regia”. Felicidades a Carlos por su invalorable apoyo crítico que demuestra una vez mas estar adelantado en su pensamiento para analizar este tipo de circunstancias.
Excelente el artículo. Muy entretenido además por que se lee como cuento detectivesco: Quién será el eslabón perdido? Personalmente estoy de acuerdo con la no-inclusion de Bryce por más que me guste su literatura. Pero no creo que Oswaldo Reynoso pase a la posteridad como parte del canon. Su trabajo por la literatura peruana me parece más de campo, al estilo Scorza. Una gran omisión en este breve canon sí me parece que es Ricardo Palma, que él sí sentó las bases de ese aire irónico que comparten muchos escritores peruanos (incluido Bryce). Sobre el eslabón perdido estoy seguro que llegará. El mesías le dará a la literatura peruana la ganzúa para escamotearse en la cultura global.
Pucha, recontra bueno el regreso de CCF. Querido Carlos: Como uno de tus fieles lectores, en representación de la gente que te admira, te pido por favor nos sigas brindando artículos de la calidad de este y que no dejes porta9 ni a tus asíduos receptores virtuales. Un abrazo.
**Felicitaciones por su última novela, un novelón La Noche Humana.