Sep 16

EL GUARDAGUJAS

Constelaciones

por Augusto Effio

1. El adicto a la lectura de “cuentos” sólo puede hacer escarnio de un espécimen con una obsesión aún más extravagante: el adicto al “libro de cuentos”. Y no es una cuestión de simple aritmética, eso está claro. Aunque detrás de ambas adicciones existe, por cierto, una desviación común. El convaleciente puede llegar a creer que un buen relato condensa lo mejor de la poesía y evita la cercanía de las novelas como si se trataran de viejos degenerados: quizá todos ellos fueron buenos niños, sanos y prometedores, pero cuando les dio por crecer se perdieron irremediablemente para el mundo.

2. Según Sergio Ramírez, nadie se sienta a escribir un libro de cuentos. Cuando ya se juntaron suficientes, entre novela y novela, uno busca el teléfono del editor. Juicio apresurado e intrigante de un novelista que no sabe cómo explicar sus incursiones en el género. Me suena a excusa de marido culposo. Casi como escuchar a un centauro gritar, a voz en cuello, que los unicornios no existen.

3. Las estrellas no tienen conciencia de que forman parte de una constelación, fue más o menos lo que dijo Cortázar para teorizar sobre algún aspecto de su obra (con otros fines, sospecho) que ahora me viene a la cabeza porque no encuentro mejor manera de atemperar mi adicción. Cuando se trata de cuentos y libros de cuentos, soy adicto a las constelaciones.

4. No debo rendirle cuentas a nadie, pero lanzo una razón de peso para que el diagnóstico de mi declarada adicción no sea condenatorio: Nueve cuentos (1953) de J. D. Salinger. Nombre austero y redundante, ni qué decirlo. Incluso disuasivo para los afiebrados buscadores de oro que deciden sus lecturas echando mano del pico y la lampa de un título promisorio que se corresponda con los piropos de la contratapa. Lástima por ellos. Se perderán de los melancólicos soldados de Salinger (y sus heterónimos) tratando de encajar, restituir o por lo menos rozar el perfume de vidas anteriores a la guerra. Todavía están a tiempo: anímense a darle un vistazo a la luminosa y perturbadora presencia de ciertos niños que modulan tramas sombrías y elegantes. Salvo mejor opinión, tres obras maestras que comparten un aliento casi umbilical: “Un día perfecto para el pez banana”, “Para Esmé, con amor y sordidez” y “El tío Wiggily en Connecticut”.

5. Me gustaría tener la lucidez de Álvaro Enrigue cuando halaga el último aporte de Juan Villoro al género: Los culpables, anotando que el autor experimenta con acierto para que los distintos relatos se lean como una sola emisión de aire: “trabajó un espíritu y un ritmo únicos que forman una constante capaz de cruzar las distintas historias que se cuentan”. ¿Cuáles son los caminos que conducen a la Roma del libro de cuentos que uno visitará como una verdadera ciudad, y no como una suma de edificios y puentes regados, por aquí y por allá, para extraviar al lector complaciente? Pensemos en algunas rutas conocidas.

6. Quizá detenerse en el ejemplo número dos sirva de algo: Hijo de Jesús (1992) de Denis Johnson. Antes de leer este libro huía persistente y prejuiciosamente de cualquier texto que tuviera como ingredientes principales: el abuso de drogas y/o licor por más de tres personajes a la vez, la palabra jeringa repetida más de dos veces en el mismo relato, ciertas charlas sobre la nada en tabernas oscuras protagonizada por gente que por lo general no tiene dinero para pagarse los tragos. Hijo de Jesús es tan orgánico que algunos no han tenido reparos en agredirla: han dicho que se trata de una novela. El narrador común y el salto de personajes de una historia a otra puede justificar, de algún modo, la confusión. Más allá de estas afrentas, al libro lo identifica la exhalación ahogada y moribunda de una prosa que puede lazar un llanto como este, vestido de un párrafo cualquiera unido a la historia de perdedores que otros ya han querido patentar: “Siempre me ocupaba de un hombre llamado Frank, al que le habían amputado las dos piernas por encima de las rodillas y que solía recibirme con una tristeza magistral mientras señalaba con la cabeza las perneras vacías de su pijama. Se pasaba todo el día en la cama mirando la televisión. No era su condición física lo que lo mantenía varado allí, sino su tristeza”.

7. Pensemos un poco. La oveja negra y demás fábulas de Monterroso, Bestiario y Las armas secretas de Cortazar o cualquier libro de Poe son paradigmáticos porque su genio parte de la exploración de géneros ya conocidos y canonizados. Hay otros, sin embargo, que recurren a la pulsión común de los personajes. Véase a los exiliados y marginales, enfermos de memoria, que Junot Díaz reunió en Los Boys o, si se gusta del sabor nacional, las noctámbulas y reflexivas voces que dejan oír su incurable melancolía en Caballos de medianoche, de Guillermo Niño de Guzmán. Por otro lado, están los que confían en esta máxima: el estilo es el hombre. Los escenarios y tramas de los cuentos que Lorrie Moore entregó en Como la vida serían un homenaje a la dispersión si no fuera por la insistencia de la mirada que los justifica: esposas contrariadas, estudiantes perdidos y dramaturgos underground son asediados por la voz privilegiada de quien levanta una piedra y encuentra poesía. En fin, Infierno grande de Guillermo Martínez o Un mundo modelo de Michael Chabon tienen el descaro de reiterar personajes, espacios y nombres para llevar de la mano al lector desde el jardín de la entrada hasta el desván de los vejestorios.

8. Ejemplo número tres: La casa pierde (1998) de Juan Villoro. La extraña fraternidad entre cronista deportivo y boxeador, el infierno de retratar a un “obstinado asimilador de castigo”; un almacenero-pensionista con aspiraciones poéticas envuelto en la más lúbrica versión del doble literario; un futbolista veterano “dos campeonatos nacionales, jugador mediano, sin apodo mágico ni jugadas de gloria, pero que estuvo allí, en la densidad necesaria para que un exagerado anotara de chilena” que deviene en entrenador del equipo de un tiranuelo petrolero; el sordo suplicio de un senil burócrata del PRI desterrado y obligado a reinventarse; las revanchas y favores de dos viejos amigos de taller que escogen a la literatura como el único campo de batalla posible. Sería pretencioso decir que los cuentos de este libro comparten una estructura común. No se trata de escribir y leer sobre plantillas. Pero es innegable que el destino, la fatalidad más bien, que tuerce la ventura de los personajes, es una manía que el autor ha convertido en técnica.

9. Se puede decir más. Sin duda. Pero la versión de los adictos a las constelaciones no siempre es confiable.

14 Comments so far

  1. Yu Lai Septiembre 17th, 2008 6:00

    Bien por el señor Effio, hace literatura donde otros quizá sólo sabrían hacer crítica literaria. A mí me ha sucedido leer novelas que más bien parecen los cuentos acumulados que maduraron al teléfono de Sergio Martínez…

  2. Yu Lai Septiembre 17th, 2008 6:01

    Perdón, me refería a Sergio Ramírez.

  3. Tobias el salmonero Septiembre 17th, 2008 7:22

    Interesante artículo. Pero es penoso que en su debut Augusto Effio, insinué que a nivel nacional el mejor cuentista sea Guillermo Niño de Guzmán. Es su gusto. Pero Niño tiene un primer libro con un buen par de cuentos, nada más, de allí a colocarlo como lo más interesante del cuento peruano es realmente patético y una pasada de mano increíble. Sorry Augusto, pensaba que tus gustos eran más exigentes.

  4. Hiphopero Septiembre 17th, 2008 10:27

    Singular e interesante columna. Una introducción panorámica que nos da una idea de lo que nos espera con Effio. Bien jugado.

    Desde el Bronx,
    R,

  5. Yu Lai Septiembre 17th, 2008 11:00

    No sé qué leyó don Tobias el salmonero, pero para nada Effio insinúa lo que Tobias dice que insinúa. Effio, en todo caso, hace una analogía con Incakola… se puede inferir que el valor de lo que así se compare se está destacando, pero de ahí a fastidiarse por lo que entiende como una pasada de mano, es revelar que don Tobías deseaba ser ese al que se le pasara la mano, y al no verse destacado, se pica. El texto de Effio tiene, como quise expresar arriba, un valor litarario por sí solo, que se añade al de su valor crítico, pese a las deficiencias que pudieran encontrarse (y que no son las que Tobías encuentra….)

    Besito, Yu Lai

  6. Fox Septiembre 17th, 2008 14:26

    Yu Lai: no es necesario que defiendas el texto de effio, el texto debe defenderse solo, si es que puede (cosa que, por otra parte, dudo mucho).

    bueno,mi comentario iría por cuestionar el sentido de vincular un libro de los 50s con dos de los 90s solo porque sean “libros de cuentos”(¿?), ya que la idea es demasiado arbitraria; y más bien dice mucho de las escasas lecturas del joven effio.

    Es mi opinión personal que, espero, respeten y ojalá motive a alguien para el debate. Saludos.

    Fox

  7. Paco Llonque Septiembre 17th, 2008 17:16

    Para Tobías:
    Solo he leído un par de cuentos de Caballos…, así que no salgo en su defensa; pero sí quisiera saber cuál o cuáles son para ti los mejores cuentistas o los mejores libros de cuentos peruanos. Supongo que tienes bien definido tu top ten, top five, etc., porque has sido bien tajante al comentar. Quiero saber.

  8. Luis Andrés Miranda Mendoza Septiembre 17th, 2008 17:31

    Lo leí de un tirón y me pareció bueno. No sabía que era un debut, sino hubiese estado más formal. Para la lista de libros de cuentos que se ofrecen terminó en algo menor que el cero, a lo mucho Cortázar y Poe me salvan, pero no más. Sobre la creación de cuentos entre novelas tengo algunos reparos, el caso de Poe es uno, él no escribió novelas, se especializó en el cuento, por lo tanto es una excepción nada peligrosa para la regla. Por lo demás de gustó, también Yu Lai, linda y lúdica manera de defender, hasta me provocó leer de nuevo, pero el tiempo se come mi vida junto con mis obligaciones, por lo que tengo que acabar. Suerte a todos, no soy de leer los post, pero no me arrepiento hoy de haberlo hecho, adiós.

  9. tio rico Septiembre 17th, 2008 17:34

    Felicitaciones. Porta es un placer. Esto de Effio es buenísimo por lo que anota Yu Lai: es literatura. A quién no le gustaría encontrar articulistas así en los diarios. Lamento no extenderme más, como suelo hacerlo, pero es que todavía me tienen cruzado los ojazos de Patricia de Souza.

  10. Tobias el salmonero Septiembre 18th, 2008 7:23

    Tiene razón el misterioso Yu lai, que tiene dotes adivinatorias porque me spupone vijo y me dice don y envidioso, fui muy duro n mis apreciaciones. Y Paco LLonque que me pide una listade los mejores cuentistas. Podríaser Prochaska, no es cierto Augusto, Sumalavia, García Falcón, Bellatin, Alarcón, por sólo nombrar los más jovenes, pero Effio al único que menciona es a Niño de Guzmán. Por ese digo que es su gusto, pero que yo esperaba más de Augusto Effio un poco más de ideas en cuanto a valoración del cuento moderno peruano.

  11. Yu Lai Septiembre 18th, 2008 7:55

    Provecho Tío rico: espero que no estés coincidiendo conmigo a causa de la bizquera, ya suelta a Pati/Ursula! En cuanto a Fox: encontrar semejanzas (”vincular cosas”, como dices) entre objetos que no parecen tenerlas es uno de los más claros signos de la inteligencia. En cuanto a tu opinión sobre mi “defensa”… ¿tú sólo haces cosas porque son necesarias?

    Besito de siempre,
    Yu Lai

  12. Fox Septiembre 18th, 2008 13:12

    Por favor, lee bien Yu Lai:

    yo no cuestiono que se vinculen cosas. Me parece perfecto que se haga. Lo que yo cuestiono es “el sentido de vincular un libro de los 50s con dos de los 90s solo porque sean “libros de cuentos””. Y dije que me parecía una idea arbitraria. Ahora digo, con todo respeto por Augusto Effio, que me parece incluso un ejercicio banal, superficial. Sin ninguna importancia intelectual.
    Yo no intento atacar al autor, que merece respeto como cualquier autor, sino debatir sus ideas. Saludos.

    Fox

  13. el dios de las pequeñas cosas Septiembre 19th, 2008 17:42

    Permítanme saludar a uno de los escritores más saludables de la narrativa peruana última, a su salud, Augusto Effio.

  14. Hernán Garrido- L Septiembre 23rd, 2008 13:59

    ¿Ese dios de las pequeñas cosas es mèdico o què? ¿Effio fue a su clìnica para que le hagan un chequeo? “Escritor saludable”. ¿Dan ganas de saludarlo en la calle?

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