Sep 25
LOS COLORES DEL RECUERDO
por Félix Terrones
Familia y recuerdo
Julia Wong Kcomt (1965) nos entrega con su opúsculo Bocetos para un cuadro de familia una nueva arista para un tema recurrente en la literatura latinoamericana: el de la familia. María Inés, la narradora, regresa tras quince años de ausencia a Chepén, su tierra natal. Es entonces que su memoria comienza a recuperar un pasado lejano pero no ajeno. Entre sus recuerdos aparece la imagen de sus cuatro tíos, las tardes de películas en el “Cine Alegría” y, por sobre todos la figura del abuelo en su mueble azul. Viaje a la semilla tribal que también lo es al pasado personal, no se trata de un regreso desconectado con el presente. El regreso de María Inés responde al llamado de su tía Alejandra, que la invoca tras la violenta y secreta muerte de su tío Armando el cual “era muy atractivo” (p.65) pero al mismo tiempo “era como el influjo inmenso y herido de un gnomo que no había podido entender las alturas de la vida” (p.73).
Una voz interior
La feminidad, quiero decir María Inés, que recuerda es la misma que calla y silencia. Y su silencio es fruto directo de la muerte: “enmudecí por más de un año, cuando mi madre murió” (p.31). Pero también lo es de la educación heredada de su padre quien “era introvertido y amaba el silencio, realmente me educó para amar el silencio también”. (p.66). Consecuencia de la muerte y de la educación, por lo demás María Inés es de ascendencia oriental, su relato será el testimonio secreto de los ritos, anécdotas, hazañas, manías y vergüenzas en el corazón mismo de su familia, una familia condenada a la diáspora.
Por eso, la narradora pareciera pasearse por la casa con el objetivo de impregnarse de aquel pasado, repentinamente de vuelta con la frescura azul de los filmes vistos en el cine de su abuelo. El ejercicio del recuerdo le alcanzará, fragmentaria pero a la vez una, la fábula de los suyos. Sin embargo, al mismo tiempo la distancia física y cronológica se impondrá como una verdad irrefutable. Aquello que recuerda es pasado y, por lo tanto, se encuentra condenado al extravío: “Yo soy una manchada de ausencias” (p.55).
Palabra y silencio, memoria y olvido son las coordenadas que determinarán el derrotero de María Inés. En principio, parecieran ser instancias irreconciliables, como si solo pudiesen ser evocadas sin posibilidad de ser trascendidas. Pero ahí está el ejercicio de la escritura como medio para alcanzar una unidad y, en ella, una identidad. En ese sentido no es casual el nombre de la última sección del libro: “Más allá del silencio”. Detrás del silencio, ahí adonde la narradora anhela llegar, le espera la promesa de una unidad en la cual reunir aquello que pareciera fatalmente disgregado.
Una vez alcanzado el cielo con los pies siempre sobre la tierra, nuestra narradora habrá hecho del ejercicio del recuerdo la posibilidad de bocetar – y contarnos – la fábula de la trascendencia. Si la muerte de su tío Armando la obligó a regresar, es con este regreso que ella retorna al pasado. Y el regreso al pasado, pautado por el rencuentro con los suyos, le permitirá empezar a escribir y pintar. Trazado de este modo, el círculo que conecta el inicio con el fin de la escritura, el título del libro adquiere nuevas resonancias.
La narrativa del esbozo
Bocetos para un cuadro de familia es un libro que avanza por ecos, resonancias y voces que se enhebran en ese tejido que es el recuerdo. Como el recuerdo, la narración adquiere unidad y coherencia conforme se va cargando de significados, anécdotas, rostros, sensaciones y colores. Al final de la lectura, tras cerrar el libro, descubrimos no solo el misterio alrededor de la muerte del tío Armando – cada familia guarda un secreto, cada familia esconde una vergüenza – sino que asistimos, por sobre todo, a una revelación en la figura de la narradora. Una vez escrito el pasado es que se deseará entregarle otra materia: “He soñado que lograré pintar un hermoso cuadro” (p.89). Mientras tanto, nos quedan los apuntes o trazos de una pulida sensualidad.
Julia Wong
Bocetos para un cuadro de familia
Lima, Borrador, 2008, 90 p.
7 Comments so far
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qué buenas esas citas, y como las ubica el crítico dentro de la reseña, creo que voy a buscar ese libro
a mi el libro me encantó, era como un rompecabezas desarmado, donde cada pieza tuviese una vida propia
donde los silencios son muchos más explicitos qeu las palabras, transmiten sensaciones, emociones, sentimientos
estoy interesado en el tema de inmigracion en la literatura peruana; compré este libro por una reseña de abelardo oquendo, donde decía que en la historia había una familia de inmigrantes. pero fuera de eso, este libro de bolsillo, que se lee de un tiron, me gusto como libro en si, y esta crítica del señor Terrones hace los entrecomillados precisos, porque creo que uno de los grandes logros de Wong en este libro son las pinceladas poéticas que salen a partir del recuerdo, y tambien lo testimonial, que no es tipo diario light, eso me gustó, que en un genero que tiende a la pluma ligera y un poco melodramatica, se logra profundidad en pocas lineas…
por cierto, si alguien me puede recomendar mas libros de literatura peruana, sobre el tema de la inmigración, les estaré muy agradecido
parece que hay cierto arreglo de la editorial con ustedes. ahora resulta que publicaron un buen libro. a mi me parecio un libro que no iba a nada. y que solo buscan lucrar con nosotros los lectores.
Compré el libro sin mucho entusiasmo para colaborar con la editora de mi primo, Borrador editores. Sin embargo al leerlo descubrí una historia simple pero compleja a la vez, llena de sentimiento y nostalgia.
“soy una manchada de ausencias”……que buena frase, si el libro tiene más así, lo compro de hecho
Habrá que buscar más sobre el libro.
Saludos
http://comolarecuerdo.blogspot.com