Sep 29

DESENCANTOS

LAS MIL Y UNA NOCHES

por José Güich Rodríguez

Hace cuarenta años, un escritor peruano de origen alemán daba los últimos ajustes a lo que sería su primer volumen de relatos. Ya era conocido como periodista de fuste (y fusta acerada) desde la década anterior, insuflando sus reportajes de un velado e inteligente sarcasmo que más tarde daría sus mejores frutos en la narrativa. Había llegado al Perú más de un cuarto de siglo antes, huyendo de la demencia de Hitler y su pandilla de maleantes.

1968 fue un año lleno de grandezas y calamidades. Entre las primeras, por supuesto, el libro al que aludimos, el Álbum Blanco de The Beatles y el Mayo Francés (idealista, romántico y tristemente efímero); entre las segundas, los asesinatos de Martin Luther King, Robert Kennedy y del Che Guevara, y la espantosa masacre de estudiantes en Tlatelolco, Cudad de México, perpetrada por el corrupto gobierno del PRI poco antes de los Juegos Olímpicos. En ese contexto, el joven Adolph -quien se fugó a principios de este año, sin previo aviso y para consternación de todos quienes lo quisimos y admiramos, a la “Dimensión Desconocida”-, lanzaría un libro que implicaba un punto de quiebre, un antes y un después en el ejercicio del viejo arte de la desestabilización.

José B. Adolph, con El retorno de Aladino, incursionaría en territorios apenas transitados durante aquellos años, cuando la literatura peruana concentraba afanes en los ensalmos realistas y en los compromisos revolucionarios. Y aunque el autor jamás rehuyó la militancia y las adhesiones a justos proyectos de transformación social y política -lo demuestra su apoyo al velasquismo-, su escritura se encarriló por otros universos y fórmulas, escasa o nada exploradas en nuestra siempre cautelosa y mediocre aldea.

La alusión al conjunto de narraciones de procedencia oriental, señalada por el personaje que encuentra una lámpara mágica, la frota y de ella sale un genio bastante pródigo en eso de conceder deseos, es una buena puerta de acceso a la estrategia adolphiana. Ninguna de las once historias incluidas en el volumen lleva el título del conjunto; no obstante, cada relato ostenta sin fisuras la impronta de aquello que se desliza permanentemente de los cauces de la razón o la domesticación de las percepciones hacia el reino de la imaginación ingobernable y desmesurada. ¿Declaración de principios? ¿Es Aladino una metáfora de los postulados creadores de este gran narrador en realidad difícil de encasillar? Nunca lo sabremos con certeza.

Lo cierto es que a lo largo de esa oncena de magníficos relatos se ingresa con creces a un mundo donde ya no hay cabida para las “buenas conciencias” y la complacencia. Los textos están hollados por un sutil cuestionamiento de la ambigua y contradictoria naturaleza humana. Desde “La fábrica” -macabra historia de un hacedor de deformes y tullidos, enraizada en la supervivencia de los pauperizados- hasta “La asunción de Víctor” -espeluznante parábola sobre un mundo posible donde una epidemia acaba con la mayoría de los niños, exacerbando el fanatismo y la locura colectiva-, los cuentos se sustentan en una visión ora despiadada, ora patética, sobre la estupidez del homo sapiens, muchas veces nutrida por el miedo y la ignorancia.

El registro elegido, sea ciencia ficción (“Tesis”, “Quieres una manzana”), las paradojas temporales (“La libertad”, “Los pensamientos de mi hija”, “Pedigree”) o el terror atmosférico en la línea de Poe (“La cárcel”, “Los perros profetas”), es lo de menos en esta empresa de refutaciones: existe unidad, a pesar de la variedad de temas y las escaramuzas de heterogéneos matices en torno de lo irracional.

Ya es un lugar común insoportable -Adolph seguramente abominaría de ello- afirmar que una colección de cuentos puede ser pareja, pero que siempre sobresalen levemente algunos textos, que se asoman sobre la barda para saludarnos. Eso, en resumidas cuentas, depende del gusto personal. En mi caso, considero que El retorno de Aladino no solo es parejo: es memorable, fundacional y sin lagunas. Pero haciendo uso del modesto derecho, destaco dos relatos estremecedores.

Uno es “El complejo de Caín”. Aquí, JBA enhebra con virtuosismo la crónica de un grupo de europeos que se sumergen, como en las novelas de Conrad, en latitudes ubicadas en las antípodas de los parámetros occidentales. En el Congo, se ha descubierto a O-go, un chimpancé que sabe utilizar el fuego para cocinar sus alimentos. El simio anuncia, con su existencia, que otra especie ha empezado a dar el salto evolutivo; puede comunicarse con los humanos en un balbuceante pero prometedor lenguaje. La conclusión da cuenta exacta de que el hombre es sin duda el paradigma de la bestialidad en niveles superlativos. El otro es “Sueños de manzana y sangre”, que dialoga con “El milagro secreto”, incluido en Ficciones, de Borges. Dos ancianos judíos, merced a circunstancias inexplicables, cuasi-oníricas, logran una y otra vez retardar el inevitable momento de su captura por parte de un despiadado oficial de la SS. Suspendidos en el tiempo, “elaboran” carriles alternos para escapar de los monstruosos hornos crematorios. La vuelta de tuerca, en el cierre, nos golpea como una repulsiva bota nazi.

Cuatro décadas después, El retorno de Aladino luce tan lozano, fresco y provocador como en el instante de su epifanía, cuando el mundo anunciaba un futuro, cuando todos eran más felices -o creían serlo-, sin celulares o lap tops. José B Adolph siempre volverá para hacernos un guiño, reír y deshacer con su verbo la torre de necedades que los tecnócratas y gerentes llamarían, con desparpajo, “certezas estadísticas”.

5 Comments so far

  1. Daniel Salvo Septiembre 29th, 2008 11:44

    Que prometedor hallazgo de José Guich. “El retorno de Aladino” es un libro practicamente inhallable hoy en día. Que suerte la de aquellos que puedan leerlo.

  2. Harry Cañari-Atoche Septiembre 29th, 2008 12:18

    Mas allá del hallazgo y la herencia literaria de José B. Adolph. Que el simplemente (y enorme) hecho de que exista ya es agradecedido. Es la forma de comprimir lo que JBA muestra en el libro. Si me ha agradado la columna-reseña, es gracias a José Güich y al simple tino de decir con palabras precisas lo que quieres decir.

    Thks Gúich.

    Harry Cañari-Atoche

  3. Hiphopero Septiembre 29th, 2008 12:32

    Me parece paja que mi compadre Guich ponga sobre el tapete la primera obra del gran Pepe Adolph. Pocos le han dedicado líneas después de su muerte. Trataré de encontrar esa publicación. No sería malo que lo reediten si es inhallable como dice el buen Daniel.

  4. Jack Martínez Septiembre 29th, 2008 13:50

    No es mala idea la de Hiphopero. Una reedición nos permitiría volver a la obra inicial de Adolph. Ojalá alguna editorial se anime.
    Saludos,

  5. Daniel Salvo Septiembre 29th, 2008 17:27

    Claro, reedición no solo de los cuentos sino de las novelas. Me pregunto si la PUCP o alguna entidad estaría interesada en editar sus obras completas.

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