Oct 2

LA HORDA EN EL ESPEJO

Category: reseñas

por Marlon Aquino Ramírez

Y no soy yo que sufre sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el espejo y llora.
(J. E. Eielson)

¿Recuerdan las escenas iniciales de 2001: una odisea del espacio? En el inicio de la aclamada película de Kubrick vemos a un grupo de homínidos deambulando por una llanura seca en busca de alimentos, luchando contra las fieras e incluso entre ellos mismos por la posesión de una charca de agua. Son los albores de la humanidad, y esa agrupación de antepasados nuestros aún no calificaba como clan, tribu y, mucho menos, familia. Apenas es un conjunto de seres prerracionales que siguen a un macho fuerte y despótico. Sus vínculos son toscamente prácticos y los sentimientos poco tienen que ver con ellos. Es una horda. Sabemos, sin embargo, que con el paso del tiempo, las agrupaciones ya propiamente humanas devendrían en clanes (grupo de gente unida por parentesco y ascendencia) y tribus (grupos de la misma raza, creencias y costumbres).

Esta narración histórica de entraña positivista, instituida en la modernidad, es la que a todos nos han contado y que más de uno contará a sus descendientes. La historia de lo que fuimos y ya no somos. El discurso que otorga seguridad y confianza en el futuro. El progreso. ¿Pero qué ocurriría si, luego de detenernos a reflexionar unos minutos, descubriéramos -como al leer los versos de Eielson que he usado como epígrafe- que el mono milenario aún habita en nosotros?

Pilar Dughi ha construido con La horda primitiva un desolador espejo donde podemos observar la imagen inquietante de ese ancestro que se agita violentamente en el abismo de nuestro ser. Ese ser que hoy, en el siglo XXI, parece seguir formando hordas individualistas y prerracionales más que familias cohesionadas. Luego de leer estos trece cuentos, es fácil asociar los comportamientos de los personajes de cada una de las historias, con las características principales de las hordas: debilidad de fronteras entre lo consciente y lo inconsciente; ausencia de normas y valores (lo que imposibilita el desarrollo de ideales); prejuicios marcados; endeble consciencia de grupo. Veamos.

El principal grupo social cuyas inconsistencias son develadas es la familia. Lo apreciamos en el cuento “Los guiños del destinoâ€, en el que una anciana, abocada al estudio de Schopenhauer, se convierte en testigo de la decadencia de un matrimonio de veinte años, en el cual el marido, hastiado de la vida conyugal con su sufrida esposa, le es infiel con una liberal jovencita. ¿No es acaso la unión matrimonial una vana esperanza –pareciera decirnos Dughi-, si el tiempo al final todo lo desliga? Por ejemplo, en “El desayuno†somos testigos de una escena matinal donde la esposa, luego de preparar el desayuno a sus hijos y atender a su marido (con el que vive hace quince años) llama secretamente por teléfono a su amante, cual adolescente enamorada, y queda con él para ir a almorzar. ¿No es acaso la rutina un tenaz viento que termina apagando hasta la hoguera más ardiente? La infidelidad como signo de la desestructuración familiar reaparece en “A mí no me importaâ€, relato de la vida cotidiana de una desafortunada familia limeña, en donde una esposa infiel y un padre que no puede comunicarse sinceramente con su hijo, conviven con una mujer depresiva obsesionada con el suicidio; esta mujer tiene sesenta años, es soltera, no tiene hijos y le han extirpado los ovarios y el útero: ella tampoco ha podido formar un grupo cohesionado, su rabioso individualismo la arrastra a la autodestrucción de su ser.

Pero Dughi no sólo expone las fisuras en el matrimonio. En “Flan de chocolate†nos encontramos con un jubilado viudo irritado por la visita semanal de sus hijos y nietos; ha tomado distancia de los vínculos afectivos con sus familiares y los últimos días de su existencia prefiere pasarlos en completa soledad. “Era domingo. El día más inquietante de la semana porque mi familia viene a almorzar a casa. A mi casa. No es que yo visite a uno de mis cuatro hijos. Tampoco ellos me visitan a mí. Más bien llegan convertidos en un ejército invasor que planta sus banderas de ocupación en mis jardines†(pág. 127). El alivio sólo llega cuando los familiares parten: “Y esa es entonces la hora del domingo en que las aguas mansas regresan a la casa y yo vuelvo a las contadas amenidades que me pertenecen, colgándome de la vida que aún me queda†(pág. 132). El mismo recelo de la familia, la misma sensación de desconfianza se expone en “¿Alguna novedad?â€, relato en donde una anciana de 72 años recuerda, mientras cuida a su esposo en el hospital, los malos momentos pasados con unos parientes que les quisieron arrebatar su negocio.

Como se ve, la autora ha elegido a ancianos como protagonistas de varias de estas historias, y mediante ellos insinúa que la sabiduría última es la sabiduría del desengaño, aquella que alcanzan quienes ya están cerca de la muerte. En los seis últimos cuentos del libro los ancianos son los protagonistas y en ellos se grafica a dónde van a parar las vanidades humanas. Sin embargo, Dughi plantea en el último cuento, “Aedaâ€, una especie de salvación que, al igual que en La náusea de J.P. Sartre, llega de la mano del arte. Así, el anciano poeta Lanfranco, modesto profesor de colegio durante años, alejado de la fama y los premios, sin mujer e hijos, casi olvidado, tiene una epifanía cuando escucha sus propios poemas de boca de un humilde muchacho “(…) como si ya no hubiera más lugar en el mundo fuera de aquellos sonidos sin edad que eran los suyos, que había trazado con candor su mano principiante y que de pronto regresaban transformados en ecos de antiguos aedas desde un tiempo inmemorial†(pág. 168).

Quisiera comentar ahora qué papel cumple la presencia de personajes femeninos en el libro. Aunque su número es considerable, no por ello la autora se restringe a tocar problemáticas que conciernen solamente a las mujeres. ¿Qué males aquejan entonces a los integrantes de esta horda primitiva? Frustración, como en el caso de la muchacha de diecisiete años de “Los días y las horasâ€, hastiada de la sordidez física y moral que la rodea; y en el de la solitaria mujer de treinta y cinco años que cuida a su anciano padre, tan resquebrajado como la casa que se rehúsa a vender. Está también la frustración de quien perdió el amor y es engañada, para el caso de la mujer de “Los guiños del destinoâ€. La desilusión existencial también es una enfermedad incurable para la tía Lola de “A mí no me importaâ€. Como lo es para Liliana el reconocer que su novio Alfredo ha quedado psicológicamente dañado luego de haber combatido en la zona de emergencia contra los terroristas (“Tomando sol en el clubâ€). Este es entonces uno de los logros de La horda primitiva: el mostrar desde la perspectiva femenina conflictos que nos agobian a todos los seres humanos.

Tres son los referentes de Dughi para la construcción de estas narraciones. El primero de ellos es Julio Ramón Ribeyro, con quien la autora comparte el interés por los personajes de clase media. Al leer cuentos como “Hay que lavar†(en donde una muchacha imagina buenas intenciones en un tipo que la persigue en la calle) y “Dime sí†(en el que una mujer viaja hasta Estados Unidos para encontrarse con su novio por correspondencia) es inevitable establecer asociaciones con “Una aventura nocturna†de Ribeyro, pues en estos tres relatos aparecen personajes frustrados que se ilusionan con la posibilidad de establecer un vínculo amoroso con una persona que, al final, demuestra haberlos utilizado solamente. Muy ribeyriano es también “Las chicas de la yogurteríaâ€, retrato de cómo los prejuicios de la horda pueden aflorar incluso en aquellos que se esfuerzan por alejarlos, como en el caso de esta mujer limeña que en Ayacucho reacciona de manera inesperada ante un caso de discriminación sexual, de modo semejante a como reacciona (por motivos raciales) Arístides en “De color modestoâ€, aquel significativo cuento de Ribeyro.

Los otros referentes son los cuentos de Raymond Carver, cuyos escenarios minimalistas por donde transitan personajes que viven “silenciosas catástrofes cotidianasâ€, y sus finales abiertos, están emparentados con los de La horda primitiva; y Hemingway, con quien la autora comparte el hábil manejo de espartanos diálogos que revelan más en su “insinuar†que en su “decir†(“Apúrense por favorâ€, “Tomando sol en el clubâ€).

Debilidades del libro: extensión innecesaria de algunos cuentos, cuya falta de economía debilita el efecto final (“Los guiños del destinoâ€, “¿Alguna novedad?â€); una excesiva simplicidad en la prosa y el argumento de “El desayunoâ€; tendencia al patetismo melodramático (“¿Alguna novedad?â€, “A mí no me importaâ€, “Hay que lavarâ€). Sin embargo, la balanza se inclina hacia los aciertos. Lenguaje ágil, diseño de símbolos sugestivos, manejo de la tensión dramática. Sin duda, una lectura enriquecedora.

Pilar Dughi
La horda primitiva
Peisa
Lima, 2008, 172 páginas

5 Comments so far

  1. Gustavo Faverón Patriau Octubre 2nd, 2008 11:15

    Gracias por la reseña, qué bueno que Pilar Dughi nos haya dejado la sorpresa de un libro más.

    Tengo dos preguntas: ¿qué cosa significa, en este caso, “lenguaje ágil, diseño de símbolos sugestivos, manejo de la tensión dramática”? ¿Y por qué se da por hecho que esas son virtudes y que no necesitan ninguna explicación?

  2. Barth Octubre 2nd, 2008 14:17

    Aquino ha hecho una gran presentación del libro. Pero ha resumido en un solo párrafo defectos y virtudes, enumerándolas solamente y por eso Gustavo hace las preguntas que hace.
    Como lector que no tiene ningún vínculo con los rollos académicos que bien manejan Faverón y también la gente de Porta, prefiero disfrutar de las reseñas que me sirven de guía para introducirme o no en la lectura de un nuevo libro de acuerdo a su temática.
    Claro, para otros, solo importará que se señalen y desarrollen las virtudes técnicas o de estilo, lo mismo que los defectos, y lo respeto, pero personalmente prefiero los textos de este tipo.

    Felizmente acá hay material para todos los gustos.

  3. Yu Lai Octubre 4th, 2008 4:00

    Hola amigos:
    Si la horda primitiva era prerracional, quizá “post racional” sea una manera mejor de definir el carácter de la sociedad hiumana del siglo actual. No me gustó lo de “entraña positivista” -me parece vago precisamente por falta de argumento- ni lo de “horda individualista”- creí que los seres primitivos tenían que colaborar para matar al mamuto, por ejemplo. Pese a estos detalles, en efecto Aquino está mejor cuando introduce el tema y presenta los cuentos y sus afinidades internas que cuando hace una crítica más “técnica” (las que esta comentarista siempre espera porque es una linea que no domina para nada) pero, por otro lado, el texto de Marlon ha sido una lectura agradable y que llama a buscar el libro. Y la sorpresa del señor Faverón me ha dejado confundida: se trata de un libro nuevo de la autora, acaso póstumo? Creí que era una reedición. Besito curioso,

    Yu Lai

  4. LiTeRaRiO Octubre 5th, 2008 1:26

    Una preguntita más:
    ¿por qué se considera como un logro del libro “el mostrar desde la perspectiva femenina conflictos que nos agobian a todos los seres humanos”?

    Ese no es un logro; piénsalo bien.

  5. edgardopallarderi Octubre 5th, 2008 14:51

    Eso de espartanos diálogos recuerda a lo que alguna vez dijo Vargas Llosa sobre Hemigway en el prólogo al libro de cuentos de Niño de Guzmán.
    Un poco mas de análisis al articulista, para no caer en los ecos de otros.

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