Abr 23

amazonía en tránsito: juegos de lenguaje e identidad

Category: reseñas

por Rafael Ojeda

 

Hay una tendencia difundida en los estudios culturales contemporáneos, ante el paulatino protagonismo que está asumiendo la diversidad en sus disertaciones. Algo que está haciendo que los estudios etnolingüísticos, etnohistóricos y sociolingüísticos, y otros acercamientos interdisciplinarios, sean los que estén marcando las pautas creativas para la indagación y comprensión del otro, tema para lo cual la amazonía peruana, curiosamente la región más segregada a nivel simbólico, se presenta como un espacio abundante en variedades étnicas, lingüísticas y culturales, que la ofrecen como uno de los destinos más recurrentes e interesantes del país.

Contradictoriamente, esto podría albergar el riesgo que conlleva la pretensión ordenadora de los exploradores, quienes –a decir de Todorov y más aún Edward Said- siempre han estado al acecho de realidades ajenas y otros culturales, quienes, en tanto menos contaminados y más diferentes, resultan más atractivos para el muestreo etnológico, a fin de reafirmar esas diferencias y luego -a veces con la mejor intención- mostrarlas como souvenirs de viaje. Pues, repitiendo una lógica logocentrista que hasta ahora arrastramos como lastre, un producto típico de la modernidad ha sido el de transformar la diferencia en esencia, idealizando o desdeñando con ello, el naturalismo de las culturas originarias, por su “inocencia” o “salvajismo”.

No obstante ello, o quizá producto de ello, en la amazonía peruana ya no existen más grupos étnicos no contactados. La actividad extractora de las multinacionales de hidrocarburos, las misiones evangélicas, los grupos como los del Instituto Lingüístico de Verano o los científicos sociales llegados de todas partes del mundo, están mediatizando, aunque quizá sin quererlo, los procesos “civilizatorios” que para los grupos étnicos peruanos implica una suerte de “extirpación cultural” debido al magnetismo del ideal desarrollista de la modernidad y el hechizo que ejerce en las culturas subalternas, que nos muestra los alcances coercitivos de la cultura occidental en la presencia de un apostolado colonialista, en la salud, en la educación, en los aparatos industriales, en la religión, en los estudios culturales, cuando no en los rezagos traumáticos dejados por la guerra interna.

Algo de esto también se puede desprender tras la lectura del último libro de Fidel Tubito y Roberto Zariquiey, Jenetian. El juego de las identidades en tiempos de lluvia, presentado como un ensayo interdisciplinario producto del profundo vínculo labrado por los autores a lo largo de sus visitas a comunidades shipibo-conibas y a la ciudad de Pucallpa durante los años 2003 y 2004.

Tal vez para darnos cierta ubicación metodológica en torno al tema, debamos ver la “cultura” como una práctica existencial “identificatoria”, donde los diferentes grupos étnicos -amazónicos en este caso-, son vistos como totalidades vivas que, para ser distinguidas unas de otras, requieren ser presentadas como conjuntos relativamente estáticos en el tiempo y de extensión fija en el espacio, como conjunto integrado de creencias, costumbres y formas artísticas, que facilita los acercamientos comprensivos y ayuda a entenderlas como organizaciones simbólico-discursivas manifestadas como experiencia o práctica colectiva, debidas a una convención, pese a las características cada vez menos estables de sus diferencias, producto de sus “prácticas culturales híbridas” y del contacto cada vez mayor con la sociedad mestiza o no indígena.

En ese sentido, podemos inferir del presente libro un esfuerzo interdisciplinario -desde la filosofía y la lingüística, además estudio de la cultura y del contacto cultural- tal como ellos lo han expuesto, en el que se ofrece una interpretación comprensiva y empática de la complejidad que anidan los contactos culturales. Tratando las transformaciones que ha experimentado el pueblo shipibo-conibo, a lo largo de los últimos años, en virtud del contacto cada vez más intenso con la sociedad urbano-mestiza y el impacto de la sociedad moderna occidental en estas culturas amazónicas, probando los alcances de su interculturalidad.

“Nuestro trabajo parte de la premisa, aceptada de manera general, de que la lengua y la cultura forman parte de un mismo universo complejo desde el cual el individuo construye su identidad. Ello nos podría llevar a suponer que –dado el carácter social que las asemeja, en tanto constructos convencionales y/o compartidos-, lo que ocurre en la lengua puede ocurrir también en la cultura y que, por lo tanto, al situarse en una situación de contacto, ambas podrían atravesar procesos similares de transformación e intercambio” (p.21).

Quizá por ello, el filósofo Fidel Tubito y el lingüista Roberto Zariquiey, utilicen indistintamente los términos cultura e identidad, en las páginas de este libro. Algo que podría ser cuestionable si consideramos que cultura, identidad y lenguaje, como categorías referidas a colectivos humanos, no tienen, en estricto, los mismos alcances conceptuales, pues con cultura solemos referirnos a múltiples dimensiones y manifestaciones de la vida en sociedad. En tanto, lo único que permanece relativamente estable, por una mayor cantidad de tiempo, es el lenguaje, que suele ser un factor importante de identificación, permitiéndoles diferenciarse entre ellos.

Para Wittgenstein el “lenguaje identifica al ser humano”. Y hay en su obra muchos matices importantes para entender las fricciones y multiplicidades emergentes, en este período social signado por una conciencia posmoderna, ante una noción del lenguaje como ordenador de la realidad, pero no a partir de un orden semántico interno, sino a partir de prácticas lingüísticas que van llenando de sentido a las palabras. Algo que tal vez forme parte de un tópico que ha ido interiorizándose hasta hacerse de uso común en el aparato teórico de las ciencias sociales. Y aunque no haya sido citado en Jenetián, desde el subtítulo El juego de las identidades en tiempos de lluvia, el libro nos refiere a los juegos de lenguaje wittgensteinianos, ante el intento de fraguar una explicación comprensiva transplantada desde los estudios del contacto de lenguas al estudio de la cultura.

La complejidad amazónica está marcada por su multiplicidad. Habitan en ella alrededor de 65 grupos etnoculturales, los que albergan un aproximado de catorce familias lingüísticas, aunque, tal vez por lo anteriormente expuesto, en vez de encontrarnos con unidades culturales discretas e identificables claramente, las encontremos cada vez más inmersas en un continuum simbólico de bordes inciertos y maleables, debido a los procesos de transculturación que están haciendo que sus antiguas tradiciones culturales se estén perdiendo, ante la violencia simbólica de la oficialidad, que los discrimina cultural y lingüísticamente de la ciudad y la ciudadanía, obligándolos, si desean insertarse en la noción vigente y hegemónica de “país” a ir adquiriendo las cultura y el lenguaje que es necesario poseer para al fin ser objeto de derechos civiles, en el único idioma que suele entender el Estado y los derechos peruanos.

El capítulo primero, titulado “Del contacto entre las lenguas al contacto entre culturas”, es una descripción metodológica del marco conceptual que regirá el estudio. Describiendo dos modelos interpretativos del contacto entre culturas el mestizaje, como forma cuasi ideológica de homogeneización, que oculta la heterogeneidad real, y la hibridación en la que las prácticas culturales están definidas más por su heterogeneidad. Dándose ahí ese tránsito de categorías lingüísticas aplicadas al análisis cultural, en conceptos como el de diglosia tomado de Martin Lienhard, que nos refiere a las relaciones de poder entre lenguas diferentes, y el de transferencia, de Germán de Granda, referida a los préstamos por influencia ocurridos entre dos culturas diferentes.

Desde un punto de vista más territorializado, en los capítulos siguientes se irá abordando las hibridaciones y diglosias ocurridas en el pueblo Shipibo-conibo, como evidencia de la fuerza de atracción que ejercen las culturas externas en su cultura, ante una suerte de bombardeo simbólico exógeno que ha producido profundas transformaciones, a partir haberse expuesto a abundantes “lluvias de conocimientos” llegados, además del ofrecido por los mestizos de la ciudad, de los gringos, holandeses, españoles, italianos, europeos, americanos, japoneses, (p.46) -según lo expone Lerner Guimaraes, uno de los maestros shipibos entrevistados en este estudio- que llegan a ellos para estudiarlos, diversificando más aún sus prácticas culturales híbridas, ante una multiplicidad de identidades, ubicada en una escala de importancia práctica, en la que tiende a prevalecer la identidad familiar.

En tanto, la transferencia existente entre shipibos-conibos y las urbes amazónicas con las que están constantemente en contacto, se evidencian, sobre todo, a partir del estudio de las conductas colectivas ante unas impostadas e importadas fiestas patronales.

En el capítulo que cierra el libro, titulado “El Perú como expresión de diglosia cultural”, los autores insisten en remarcar la complejidad cultural, pero refiriéndose ahora al país, visto en su diversidad. Donde la diglosia cultural se refiere a la existencia de relaciones culturales asimétricas, invisibilizadas a partir de la ideología uniformizante del mestizaje, en procesos en los que con frecuencia las culturas subalternizadas pierden su campo funcional ante una cultura hegemónica que aparece en la esfera pública de manera omniabarcante. Para finalizar con una invocación -“debemos pensar el Perú desde la cultura descentrada de la nacionalidad dominante. Así se empieza a construir la unidad desde la diversidad, desde los localismos abiertos, desde las diferencias reconocidas. Una identidad nacional inclusiva (…) debe empezar a insertarse en la multiplicidad para, desde allí, mediante la deliberación pública, gestar las condiciones que hagan posible la lucha por el reconocimiento de las diferencias y la construcción de una sociedad más justa” (p.111)-, además de un anexo de cuatro entrevistas que ayudan a concretar las premisas principales de este volumen que pasará convertirse en un texto referencial para los futuros acercamientos a los estudios amazónicos y disertaciones culturales.

Jenetian. El juego de las identidades en tiempos de lluvia
Tubito, Fidel y Zariquiey, Roberto
Fondo Editorial Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Lima, 2007; 162 páginas


* Rafael Ojeda (Lima, 1970) es ensayista y artista plástico. Ha publicado en Quehacer, en los suplementos “El Dominical” de El Comercio e “Identidades” de El Peruano, en las revistas virtuales El Hablador y Ciberayllu, entre otros. Esta reseña es la primera colaboración externa que publica Porta9. Esperamos encontrarnos pronto con más de la misma calidad.

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