Jun 25
en pocas palabras: quim monzó
LA SUMISIÓN
La mujer que está tomando un helado de vainilla en la primera mesa de este café ha tenido siempre las cosas muy claras. Busca (y buscará hasta que lo encuentre) lo que ella llama un hombre de verdad, que vaya al grano, que no pierda el tiempo en detalles galantes, en gentilezas inútiles. Quiere un hombre que no preste atención a lo que ella pueda contarle, pongamos, en la mesa, mientras comen. No soporta los que intentan hacerse los comprensivos y, con cara de angelitos, le dicen que quieren compartir los problemas de ella. Quiere un hombre que no se preocupe por los sentimientos que ella pueda tener. Desde púber huyó de los pipiolos que se pasaban el día hablándole de amor. ¡De amor! Quiere un hombre que nunca hable de amor, que no le diga nunca que la quiere. Le resulta ridículo un hombre con los ojos enamorados y diciéndole: “Te quiero”. Ya se lo dirá ella (y se lo dirá a menudo, porque lo querrá de veras), y cuando se lo haya dicho recibirá complacida la mirada de compasión que él le dirigirá. Esa es la clase de hombre que quiere. Un hombre que en la cama la use como se le antoje, sin preocuparse por ella, porque el placer de ella será el que él obtenga. Nada la saca más de quicio que esos hombres que, en un momento u otro de la cópula, se interesan por si ha llegado o no al orgasmo. Eso sí: tiene que ser un hombre inteligente, que tenga éxito, con una vida propia e intensa. Que no esté pendiente de ella. Que viaje, y que (no hace falta que lo haga muy a escondidas) tenga otras mujeres además de ella. A ella no le importa, porque ese hombre sabrá que, con un simple silbido, siempre la tendrá a sus pies para lo que quiera mandar. Porque quiere que la mande. Quiere un hombre que la meta en cintura, que la domine. Que (cuando le dé la gana) la manosee sin miramientos delante de todo el mundo. Y que, si por esas cosas de la vida ella tiene un acceso de pudor, le estampe una bofetada sin pensar si los están mirando o no. Quiere que también le pegue en casa, en parte porque le gusta (disfruta como una loca cuando le pegan) y en parte porque está convencida de que con toda esta oferta no podrá prescindir jamás de ella.
en El porqué de las cosas
Anagrama, 1994
5 Comments so far
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Parece el argumento de una telenovela parodiada, pero como literatura me parece bajetona.
Claro, claro, nomás que se olvidó de poner que la mujer se encuentra en el café del club de sadomasoquistas, igual que él.
La mujer es un verdadero misterio, y no todo lo que dice Quim es cierto, aunque a veces lo es; buen relato, unos de los mejores textos publicados en este sitio. de hecho he leído mejores textos de este señor que, parece sacar conejos de donde no existen, sin duda un artista de aquellos.
Me hace recordar al argumento de la pelicula “El Ultimo Tango en Paris” donde la pareja ni siquiera sabian sus nombres. Ese tipo de relación seguramente siempre va a crear polemica y va a ser una fuente a tratar por diversos autores.
A las feministas, con cariño… ja ja ja